Durante siglos se ha repetido que “todos los caminos llevan a Roma”, y que los romanos construían carreteras rectas y uniformes. Sin embargo, un nuevo estudio desmonta esa idea. Investigadores han analizado 186.000 millas (300.000 kilómetros) de vías romanas en todo el antiguo imperio y han creado la imagen más detallada hasta ahora de cómo estaba estructurada la red.
El resultado revela un sistema mucho más complejo de lo que se pensaba, ya que la red no estaba organizada en torno a Roma y, de hecho, ciudades como Ankara, Antioquía y Bizancio ocupaban posiciones más centrales dentro del entramado de caminos.
El equipo, liderado por el investigador Adam Pazout (Universitat Autònoma de Barcelona), explica que los ingenieros romanos adaptaban cada trazado al paisaje. Aunque favorecían las rutas rectas cuando era posible, las carreteras eran menos rectas que las modernas en zonas montañosas, donde la tecnología disponible limitaba las opciones. Terraplenes, cortes de roca, muros de contención y puentes permitían atravesar terrenos difíciles, pero la geografía seguía imponiendo su ley.
Itiner–e: el mapa más completo del sistema viario romano
El estudio se basa en un modelo digital llamado Itiner–e, que reconstruye la red de transporte del imperio hacia el año 150 d.C., cuando alcanzó su máxima extensión de 1,5 millones de millas cuadradas, desde Inglaterra hasta Turquía y desde Francia hasta el norte de África. Por estas vías circulaban personas, mercancías, vino, alimentos y equipamiento militar en carros de madera tirados por caballos.
Los investigadores compararon la red romana con carreteras modernas y analizaron cuatro factores: pendiente, elevación, orientación y rectitud. Las zonas más montañosas del sureste europeo mostraron los trazados más sinuosos, mientras que las regiones llanas de Europa occidental y el norte de África concentraron las rutas más rectas.
Los autores subrayan que las carreteras romanas eran mucho más que infraestructuras de transporte, porque estructuraban el movimiento de personas, bienes, tecnología y creencias a lo largo del imperio. Comprender cómo funcionaba esta red permite analizar cómo las decisiones de ingeniería tomadas hace dos milenios siguen influyendo en los paisajes actuales.
Cómo se reconstruyó la red: hitos, mapas y restos arqueológicos
Para crear el mapa, los investigadores utilizaron registros arqueológicos, fuentes históricas, mapas topográficos y imágenes satelitales. También recurrieron a los milestones, las piedras con inscripciones que los romanos colocaban a intervalos regulares y que aún hoy pueden encontrarse en campos, setos o reutilizadas como postes de entrada. Incluso restos de antiguas estaciones de servicio romanas ayudaron a completar el trazado
Un análisis de 300.000 kilómetros de vías romanas demuestra que los ingenieros adaptaban cada trazado al paisaje y que la capital del imperio no era el centro más eficiente de la red
Durante siglos se ha repetido que “todos los caminos llevan a Roma”, y que los romanos construían carreteras rectas y uniformes. Sin embargo, un nuevo estudio desmonta esa idea. Investigadores han analizado 186.000 millas (300.000 kilómetros) de vías romanas en todo el antiguo imperio y han creado la imagen más detallada hasta ahora de cómo estaba estructurada la red.
El resultado revela un sistema mucho más complejo de lo que se pensaba, ya que la red no estaba organizada en torno a Roma y, de hecho, ciudades como Ankara, Antioquía y Bizancio ocupaban posiciones más centrales dentro del entramado de caminos.
El equipo, liderado por el investigador Adam Pazout (Universitat Autònoma de Barcelona), explica que los ingenieros romanos adaptaban cada trazado al paisaje. Aunque favorecían las rutas rectas cuando era posible, las carreteras eran menos rectas que las modernas en zonas montañosas, donde la tecnología disponible limitaba las opciones. Terraplenes, cortes de roca, muros de contención y puentes permitían atravesar terrenos difíciles, pero la geografía seguía imponiendo su ley.
Itiner–e: el mapa más completo del sistema viario romano
El estudio se basa en un modelo digital llamado Itiner–e, que reconstruye la red de transporte del imperio hacia el año 150 d.C., cuando alcanzó su máxima extensión de 1,5 millones de millas cuadradas, desde Inglaterra hasta Turquía y desde Francia hasta el norte de África. Por estas vías circulaban personas, mercancías, vino, alimentos y equipamiento militar en carros de madera tirados por caballos.
Los investigadores compararon la red romana con carreteras modernas y analizaron cuatro factores: pendiente, elevación, orientación y rectitud. Las zonas más montañosas del sureste europeo mostraron los trazados más sinuosos, mientras que las regiones llanas de Europa occidental y el norte de África concentraron las rutas más rectas.
Los autores subrayan que las carreteras romanas eran mucho más que infraestructuras de transporte, porque estructuraban el movimiento de personas, bienes, tecnología y creencias a lo largo del imperio. Comprender cómo funcionaba esta red permite analizar cómo las decisiones de ingeniería tomadas hace dos milenios siguen influyendo en los paisajes actuales.
Cómo se reconstruyó la red: hitos, mapas y restos arqueológicos
Para crear el mapa, los investigadores utilizaron registros arqueológicos, fuentes históricas, mapas topográficos y imágenes satelitales. También recurrieron a los milestones, las piedras con inscripciones que los romanos colocaban a intervalos regulares y que aún hoy pueden encontrarse en campos, setos o reutilizadas como postes de entrada. Incluso restos de antiguas estaciones de servicio romanas ayudaron a completar el trazado
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