Václav Havel, el hombre que ayudó a derribar el Muro de Berlín

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En 1991 conocí a Václav Havel —este mes de octubre se cumplen 90 años desde su nacimiento— en el Ayuntamiento de Barcelona. Allí trabajaba de intérprete entre el entonces alcalde Pasqual Maragall y el presidente de lo que en aquel momento era Checoslovaquia y luego se convertiría en la República Checa. Maragall me presentó a Havel como la traductora de sus obras de teatro y libros de pensamiento, entre ellos Cartas a Olga, la correspondencia que Havel dirigió a su mujer desde la cárcel comunista durante más de cuatro años. Al oír el título de este último libro, Havel se olvidó de los que le rodeaban y se mostró interesado en las soluciones lingüísticas de algunos pasajes. “Cómo pudo usted traducir esas cartas, ¡si las escribí para engañar a los censores y los carceleros, ¿cómo se han podido hacer comprensibles al lector español?”, exclamaba Havel sus preguntas en checo, mientras el alcalde de Barcelona, que no entendía nada, sonreía perplejo. Yo escuchaba pensando que para Havel lo más importante eran las cuestiones éticas, filosóficas y lingüísticas. Toda su obra está repleta de sus preocupaciones por la justicia social, la responsabilidad individual, los cambios del lenguaje.

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 El dramaturgo y político tiene mucho que decir a un Occidente en el que han vuelto a aparecer guerras, autoritarismos y Estados policiales  .

En 1991 conocí a Václav Havel —este mes de octubre se cumplen 90 años desde su nacimiento— en el Ayuntamiento de Barcelona. Allí trabajaba de intérprete entre el entonces alcalde Pasqual Maragall y el presidente de lo que en aquel momento era Checoslovaquia y luego se convertiría en la República Checa. Maragall me presentó a Havel como la traductora de sus obras de teatro y libros de pensamiento, entre ellos Cartas a Olga, la correspondencia que Havel dirigió a su mujer desde la cárcel comunista durante más de cuatro años. Al oír el título de este último libro, Havel se olvidó de los que le rodeaban y se mostró interesado en las soluciones lingüísticas de algunos pasajes. “Cómo pudo usted traducir esas cartas, ¡si las escribí para engañar a los censores y los carceleros, ¿cómo se han podido hacer comprensibles al lector español?”, exclamaba Havel sus preguntas en checo, mientras el alcalde de Barcelona, que no entendía nada, sonreía perplejo. Yo escuchaba pensando que para Havel lo más importante eran las cuestiones éticas, filosóficas y lingüísticas. Toda su obra está repleta de sus preocupaciones por la justicia social, la responsabilidad individual, los cambios del lenguaje.

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