Socias y, sin embargo, amigas

Las imágenes de apertura y cierre de la exposición Lyceum Club Femenino no pueden ser más elocuentes. Al entrar, una foto de una concentración de mujeres en Barcelona en 1910, la primera manifestación feminista que hubo en España: una protesta anticlerical. Colarse en esa fotografía ―si se puede, no parece que quepa nadie más ahí― es trasladarse a otra época, en la que también se tomaban las calles. Es situarse en el momento anterior a la fundación, en 1926, del Lyceum Club Femenino. Este no surge de la nada, se alimenta del caldo de cultivo que se cocinaba, de asociaciones de mujeres previas como las Damas Rojas (sufragistas) o la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (AMNE). Desde este punto de partida, la muestra recorre la historia del Lyceum Club Femenino hasta llegar a esa significativa imagen final: el sello del Centro Cultural Medina ―con su yugo y sus flechas, que lo vinculan inequívocamente a Falange― sobre el del Lyceum Club Femenino, tapándolo, pisándolo, sustituyéndolo. Entre medias, la exposición que celebra el centenario de esta asociación femenina y feminista, y que, ahora sí, pisa fuerte y se hace un hueco en la historia y se materializa en la Fundación Ortega-Marañón, en Madrid, hasta el 22 de enero.

Seguir leyendo

 Las imágenes de apertura y cierre de la exposición Lyceum Club Femenino no pueden ser más elocuentes. Al entrar, una foto de una concentración de mujeres en Barcelona en 1910, la primera manifestación feminista que hubo en España: una protesta anticlerical. Colarse en esa fotografía ―si se puede, no parece que quepa nadie más ahí― es trasladarse a otra época, en la que también se tomaban las calles. Es situarse en el momento anterior a la fundación, en 1926, del Lyceum Club Femenino. Este no surge de la nada, se alimenta del caldo de cultivo que se cocinaba, de asociaciones de mujeres previas como las Damas Rojas (sufragistas) o la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (AMNE). Desde este punto de partida, la muestra recorre la historia del Lyceum Club Femenino hasta llegar a esa significativa imagen final: el sello del Centro Cultural Medina ―con su yugo y sus flechas, que lo vinculan inequívocamente a Falange― sobre el del Lyceum Club Femenino, tapándolo, pisándolo, sustituyéndolo. Entre medias, la exposición que celebra el centenario de esta asociación femenina y feminista, y que, ahora sí, pisa fuerte y se hace un hueco en la historia y se materializa en la Fundación Ortega-Marañón, en Madrid, hasta el 22 de enero. Seguir leyendo  

Las imágenes de apertura y cierre de la exposición Lyceum Club Femeninono pueden ser más elocuentes. Al entrar, una foto de una concentración de mujeres en Barcelona en 1910, la primera manifestación feminista que hubo en España: una protesta anticlerical. Colarse en esa fotografía ―si se puede, no parece que quepa nadie más ahí― es trasladarse a otra época, en la que también se tomaban las calles. Es situarse en el momento anterior a la fundación, en 1926, del Lyceum Club Femenino. Este no surge de la nada, se alimenta del caldo de cultivo que se cocinaba, de asociaciones de mujeres previas como las Damas Rojas (sufragistas) o la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (AMNE). Desde este punto de partida, la muestra recorre la historia del Lyceum Club Femenino hasta llegar a esa significativa imagen final: el sello del Centro Cultural Medina ―con su yugo y sus flechas, que lo vinculan inequívocamente a Falange― sobre el del Lyceum Club Femenino, tapándolo, pisándolo, sustituyéndolo. Entre medias, la exposición que celebra el centenario de esta asociación femenina y feminista, y que, ahora sí, pisa fuerte y se hace un hueco en la historia y se materializa en la Fundación Ortega-Marañón, en Madrid, hasta el 22 de enero.

Las socias no han podido se sustituidas, quizá sí tapadas, apagadas durante los tiempos oscuros de la dictadura, pero la luz, la fuerza de muchas de ellas y, claro, la razón han acabado imponiéndose. Ahí están en el panel central, sus nombres, sus fotos, sus objetos. Porque ellas son las protagonistas del Lyceum Club y, por ende, de la muestra. Ellas, miembros, órganos, vida de esta asociación. Las agrupaciones son las personas que las componen y el esta estaba formada por un grupo muy heterogéneo. Hay registradas 513 socias y se conserva el carnet de María Elorrieta Lacy, hija de la ginecóloga Rosario Lacy de Palacio, que era el número 721. Esto parece indicar que el número fue mayor. Más personas, más capacidad de actuación, más riqueza de puntos de vista, más dinero de las cuotas, no evitemos hablar de esto que tiene importancia y mucha, poderoso caballero… y necesario para mantenerse y organizar actividades y proyectos.

Pero claro, un grupo numeroso necesita un núcleo que coordine, que lo ponga en funcionamiento y esto queda estupendamente ilustrado en la exposición con las cartas que se enviaban. Aquí unos fragmentos de la que escribió la traductora María Martos a María de Maeztu el 2 de febrero de 1926: “El viernes de 5.30 a 6.30, nos reuniremos aquí unas cuantas entusiastas del club para determinar lo que hemos de hacer. Al fin de conseguir de Victoria Kent la acomodación de sus ideas a las nuestras (…). Quiere hacer algo chic. Yo estaba en un plan mucho más modesto. (…) Adelia Acevedo sueña con convencer a sus amigas (gente bien) para que nos ayuden al menos. De usted, esperamos mucho. No un trabajo grande que le entorpezca sus obligaciones, pero sí colaboración espiritual, consejos prácticos, su poderosa influencia…”.

María de Maeztu era la directora de la Residencia de Señoritas ―actual Fundación Ortega-Marañón, inmejorable sede para la exposición―, institución que tenía como objetivo el progreso educativo, social y cultural de las mujeres, en un tiempo en que esto no era objetivo de casi nadie. Era una pedagoga y profesora reputadísima, una figura de consenso, la referente que necesitaban para dirigir la nueva asociación que se estaba gestando. También era una mujer muy ocupada a quien no quería molestar el nucleo duro de socias fundadoras: Martos y Lacy, la escritora Carmen Baroja; la intelectual, escritora y traductora Zenobia Camprubí; la artista, música y escritora Pilar Zubiaurre… Querían su aprobación, su participación, pero dándole el menor trabajo posible, como se aprecia en las cartas. Y cuando todo estuvo a punto, en noviembre de 1926, echó a andar esta organización que abogaba por la emancipación de las mujeres, por crear espacios de conocimiento y de pensamiento sin la tutela masculina, por construir redes de apoyo, por tener un espacio por sí mismas y ser consideradas ciudadanas de pleno derecho.

Es ahí, en ese reconocimiento de que son sujetos activos, sujetos históricos, donde son conscientes del valor de sus legados, de sus archivos, de ese afán por conservar los objetos que plasman la historia, la memoria. Quién dice objetos, dice listados, libros de actas, estatutos, cartas, fotografías, recortes de prensa, carnets… todos, piezas de esta muestra para la que lo mejor es visitarla con tiempo, dispuestos a leer y escudriñar los documentos, algunos, conmovedores; otros, divertidos o curiosos. No se puede olvidar mencionar a las familias, herederas de esa memoria, tan importantes en la conmemoración de este centenario, fundamentales para la materialización en la exposición y para mantener, conservar, difundir y compartir estas historias.

Este centenario y esta exposición no son, ni mucho menos, un colofón al Lyceum Club, más bien al contrario. Es un punto de partida, un impulso para su estudio y su reconstrucción. Ojalá encontrar vestigios de su biblioteca, de los 3.000 volúmenes que atesoraba, solo hay localizados cuatro libros, parecen pocos, pero son más que nunca. Atentos en las librerías de viejo o cuando un volumen antiguo caiga en vuestras manos, los del Lyceum Club Femenino son reconocibles, llevan su sello y encima el del Club Medina, quien los quiso tapar. Resaltan Los Javis en La bola negraque “España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgan”. Pues eso, demasiadas historias aún por desterrar.

El camino del Lyceum Club Femenino seguirá, no queda nada para que comiencen los fastos del centenario de la Generación del 27 y muchas de ellas estaban allí. La memoria y las personas no son compartimentos estancos. Todo está relacionado.

También de esta organización beberá el Día de las Escritoras de este año, que se celebra el 19 de octubre. En la Biblioteca Nacional se leerán una serie de textos, algunos verdaderamente emocionantes, de sus socias, seleccionados por la comisaria de esta jornada, Christina Linares, que tiene el precioso lema Las amigas como forma de libertad (amiga, date cuenta). “No olvido que, gracias a mis amigas del Lyceum, conseguí todo lo que tuve”, escribió Elena Fortún. Esa sororidad tan reivindicada ahora viene de lejos, todos nos nutrimos de lo anterior, por poner dos simples ejemplos de estos días en Madrid. ¿Cantaría Shakira que las mujeres facturan sin todas las que le precedieron? Y bien que debe de estar facturando en nombre de Macondo… qué culpa tendrá Macondo. ¿El Sindicato de Inquilinas (ojo, en femenino) hubiera tomado la Puerta del Sol, se hubiera plantado ocupando un lugar, haciéndose fuerte, reclamando un espacio, justicia, algo tan indispensable como hogares, si antes otras no hubieran exigido, eso, su sitio?

 EL PAÍS 

Noticias Similares