“No puedes controlar el tiempo, y eso es la vida”: así es Cristina Stolhe, la fotógrafa de lo efímero

Al entrar este verano en la galería madrileña El Chico uno podría pensar que se ha equivocado. Que, de forma temporal, este establecimiento ha decidido ceder su espacio a un diseñador de moda para usarlo como backstage de un desfile. Así parecen indicarlo los grandes paneles apoyados contra la pared, muy similares a los que se encuentran en las trastiendas de estos eventos, y que habitualmente indican los looks disponibles, la inspiración de la colección o los detalles de la escenografía. Pero basta acercarse un poco a dichos paneles para advertir que no. Que las imágenes que hay adheridas a ellos no son instantáneas de moda convencionales, sino extraños fragmentos de realidad. Fotografías que parecen hechas de casualidad, pero que revelan una mirada muy concreta: la de Cristina Stolhe (Pontevedra, 33 años), una de las fotógrafas más prometedoras de su generación y también una de las que más difícil resulta encasillar. Ella se resiste a ello. Incluso el nombre de la exposición, No te preocupes si no, que forma parte de la programación Off de PHotoEspaña, celebra esa indefinición. Esa naturaleza fronteriza se plasma en fotografías que casi parecen involuntarias. Instantes que estuvieron a punto de no suceder.

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 Al entrar este verano en la galería madrileña El Chico uno podría pensar que se ha equivocado. Que, de forma temporal, este establecimiento ha decidido ceder su espacio a un diseñador de moda para usarlo como backstage de un desfile. Así parecen indicarlo los grandes paneles apoyados contra la pared, muy similares a los que se encuentran en las trastiendas de estos eventos, y que habitualmente indican los looks disponibles, la inspiración de la colección o los detalles de la escenografía. Pero basta acercarse un poco a dichos paneles para advertir que no. Que las imágenes que hay adheridas a ellos no son instantáneas de moda convencionales, sino extraños fragmentos de realidad. Fotografías que parecen hechas de casualidad, pero que revelan una mirada muy concreta: la de Cristina Stolhe (Pontevedra, 33 años), una de las fotógrafas más prometedoras de su generación y también una de las que más difícil resulta encasillar. Ella se resiste a ello. Incluso el nombre de la exposición, No te preocupes si no, que forma parte de la programación Off de PHotoEspaña, celebra esa indefinición. Esa naturaleza fronteriza se plasma en fotografías que casi parecen involuntarias. Instantes que estuvieron a punto de no suceder. Seguir leyendo  

Una de las obras incluidas en ‘No te preocupes si no’, la nueva individual de Stolhe en El Chico Gallery.Cristina Stolhe

Al entrar este verano en la galería madrileña El Chico uno podría pensar que se ha equivocado. Que, de forma temporal, este establecimiento ha decidido ceder su espacio a un diseñador de moda para usarlo como backstage de un desfile. Así parecen indicarlo los grandes paneles apoyados contra la pared, muy similares a los que se encuentran en las trastiendas de estos eventos, y que habitualmente indican los looks disponibles, la inspiración de la colección o los detalles de la escenografía. Pero basta acercarse un poco a dichos paneles para advertir que no. Que las imágenes que hay adheridas a ellos no son instantáneas de moda convencionales, sino extraños fragmentos de realidad. Fotografías que parecen hechas de casualidad, pero que revelan una mirada muy concreta: la de Cristina Stolhe (Pontevedra, 33 años), una de las fotógrafas más prometedoras de su generación y también una de las que más difícil resulta encasillar. Ella se resiste a ello. Incluso el nombre de la exposición, No te preocupes si no, que forma parte de la programación Off de PHotoEspaña, celebra esa indefinición. Esa naturaleza fronteriza se plasma en fotografías que casi parecen involuntarias. Instantes que estuvieron a punto de no suceder.

“La exposición nace del momento en que me encuentro”, explica Stolhe. “Llevo mucho tiempo haciendo fotos, pero en los últimos años he empezado a trabajar en moda. Las marcas me piden que haga lo mismo que ya venía haciendo, y me dan mucha libertad”. Su nueva individual —la anterior, en esta misma galería, tuvo lugar en 2022— juega con esa dualidad. “Es un ejercicio de honestidad sobre dónde me encuentro, sobre aceptar estas dos identidades, los dos mundos en que me muevo”. Stolhe afirma que la idea de disponer sus fotografías, impresas en tamaños de álbum, en paneles como los utilizados en las bambalinas de un desfile, procede de su propia experiencia en el mundo de la moda trabajando para Loewe, Miu Miu o Hodakova. Pero, en un giro imprevisto, solo una foto de las expuestas procede de esas sesiones por encargo. Y es la única que está enmarcada.

El resto se distribuyen por grandes paneles blancos apoyados contra la pared, que a veces se solapan o muestran inquietantes espacios en blanco. “El backstage es una imagen de la vida”, afirma. “Siempre hecho fotos de la vida, de lo cotidiano, de lo que me interesa, de un momento que se va”. La noción del backstage también apunta a lo efímero, a lo pasajero: estos espacios, puramente funcionales, normalmente quedan desmantelados una vez pasa el momento clave. “Intento hablar de todo lo que está presente y pasa a la vez que te lo estás perdiendo. No puedes controlar el tiempo. Y eso es la vida. De ahí viene el título de la exposición”.

La exposición reúne fotografías de distintas épocas sin rígidas normas formales ni técnicas: hay fotos con cámara analógica e instantáneas tomadas por el móvil. Incluso una fotografía de otra fotografía en la pantalla de su ordenador. Para Stolhe, el fetichismo no es la fotografía, sino la propia imagen. “Utilizo mucho el iPhone y también diferentes cámaras digitales. Al principio lo hacía así porque no podía permitirme trabajar en analógico. Estudiaba y trabajaba, y empecé a buscar otras cámaras digitales que me funcionaban y me empezó a interesar el experimentar con ellas. Ahorraba para comprarme una cámara grande y acababa vendiéndola, porque me pesaba demasiado. Con una reflex grande no podía ser rápida y, además, no pasaba desapercibida. Utilizo lo que me funciona. Y además, cada cámara tiene una densidad, un color y una textura. Me interesa más eso que lo que yo pueda añadir o retocar en posproducción”.

De hecho, en la estancia al fondo de la galería ha creado una especie de altar en el que ha reunido la prehistoria de su trayectoria fotográfica: una imagen donde se ve a la propia artista con una cámara automática en la mano, y tres fotografías tomadas durante una excursión escolar al Valle de los Caídos. Varias de ellas tienen el clásico dedo enturbiando la imagen: “Me gusta el error”, cuenta. “Cuando estaba preparando la exposición vi una foto mía, de cuando era pequeña, con una point & shoot. Yo tenía 12 años, ya era un poco emo, y me sorprendió ver que sigo siendo la misma persona. En realidad, nada ha cambiado tanto”.

En un momento en que la fotografía se debate entre varias posiciones —desde el desafío de la IA hasta el nuevo pictorialismo favorecido por las herramientas digitales, pasando por el culto a lo analógico o la saturación de Instagram y las redes sociales—, Stolhe describe su trabajo con dos palabras de sencillez aplastante: “hago fotos”. “Ese impulso de hacer fotos a cualquier cosa no ha cambiado a lo largo del tiempo”. La fotógrafa gallega comenzó a darse a conocer con un feed de Instagram hipnótico. Asegura llevarse bien con la proliferación y la saturación visual. Especialmente porque muchas de esas imágenes significan algo. En la exposición hay retratos a amigos y fotos de desconocidos. Detalles, ángulos extraños. Deslumbramientos. En el cristal de la ventana de la galería, una fotografía de la mano de su abuela recuerda que las imágenes no son solo mapas de bits: esta misma fotografía, esta misma copia en papel, la acompaña desde hace tiempo, y tiene las marcas de la cinta adhesiva empleada para fijarla. También hay series, “que se han convertido en series sin pretenderlo”, explica. Fotografías de cafés, de naranjas, de ventanas de aviones, de bastones. “Soy muy obsesiva, busco siempre lo mismo. Nunca he sido una purista de la fotografía. Para mí, lo que importa es el recuerdo, y recuerdo todas las fotografías que he hecho”.

También hay juegos: el suelo de El Chico Gallery normalmente no muestra esta moqueta a rayas, similar a la que hay en el aeropuerto parisiense que frecuenta la fotógrafa, y que incluso reproduce los errores de instalación que impide que los motivos casen. En cierto modo, es una invitación a dejarse llevar por la curiosidad. A fiarse del impulso de la visión. “Es una celebración de mi caos y de mi identidad: mi archivo, mi yo, mi yo de pequeña, mis cámaras, las que se han quedado detrás, la vida”, enumera. “Es mi realidad. Si ves algo, lo ves. Y si no, no te preocupes”.

‘No te preocupes si no’, de Cristina Stolhe, se puede visitar en El Chico Gallery (Ronda de Toledo, 16. Local 9. Madrid) hasta el 24 de julio.

 EL PAÍS 

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