Podría poner infinidad de casos de dedicaciones ejemplares de alcaldes altruistas, de militantes de base, que han dejado lo mejor de su vida sirviendo a la sociedad desde su compromiso socialista, pero elegiré sólo uno: el alcalde de Chillón durante 28 años, Luis Toledano.
Para mí, el verdadero partido es el de los militantes que viven con pasión ideológica y desinterés personal su compromiso político
Podría poner infinidad de casos de dedicaciones ejemplares de alcaldes altruistas, de militantes de base, que han dejado lo mejor de su vida sirviendo a la sociedad desde su compromiso socialista, pero elegiré sólo uno: el alcalde de Chillón durante 28 años, Luis Toledano.
Durante los años en los que estuvo en el Ayuntamiento iba diariamente a trabajar a la mina y después de su jornada laboral ejercía como alcalde sin cobrar, incluyendo sábados y domingos. Trabajaba por sus ideales, por su compromiso social y político, sin esperar recompensa distinta que la de mejorar su pueblo y la vida de sus vecinos, que elección tras elección confiaban en su honradez y eficacia como gestor.
Chillón tenía más de 2.000 habitantes cuando Luis era alcalde y, como el buen pastor, conocía a cada uno de ellos por su nombre y sabía de sus vidas y milagros. El alcalde de un pueblo ejerce las 24 horas del día y en cualquier momento un vecino le requiere para plantear cualquier problema.
Su pueblo está a cuatro kilómetros de Almadén e históricamente ha vivido de la mina. La desamortización de 1855 privatizó el 90% del término municipal, de modo que la desaparición de los bienes de propios y comunales empobreció a los campesinos. Por ello, la dependencia económica de la mina ha sido siempre enorme en la localidad. Cuando en 2003 se produjo su cierre, gobernando los socialistas en España y en la región, toda la comarca se resintió. Luis era entonces alcalde y dio la cara explicando las razones de la crisis y planteando nuevos proyectos.
El mercurio que administraron los banqueros alemanes Fugger, para resarcirse del préstamo que permitió a Carlos V convertirse en emperador y que más tarde enriqueció a los Rothschild, no dejó riqueza en la zona pese al trabajo de los mineros. Un informe del Instituto de Reformas Sociales de 1910 denunció las duras condiciones de estos trabajadores. Uno de ellos ha sido precisamente Luis Toledano, hoy convaleciente por las consecuencias de manipular el mercurio desde su juventud.
Me afilié al PSOE hace 47 años. Después de leer la tesis, daba clase de Historia en la Universidad cuando vinieron a buscarme Manuel Marín y Miguel Ángel Martínez, diputados por la provincia de Ciudad Real, y me pidieron que les echara una mano en la organización del partido. La misma solicitud le hicieron a mi mujer, Clementina Díez de Baldeón, también profesora universitaria.
En la Facultad, fuimos militantes antifranquistas y estuvimos en el PCE hasta la aprobación de la Constitución. Ni imaginábamos remotamente en obtener ningún beneficio personal, ni esperábamos ocupar ningún cargo. Lo más que podíamos conseguir era una condena del Tribunal de Orden Público.
Tras las primeras elecciones y la aprobación de la Constitución, consideramos que era el momento de centrarnos en nuestras carreras académicas. Además, discrepábamos de los derroteros por los que transcurría el Partido Comunista e ideológicamente pensábamos que “dictadura, ni la del proletariado”. Tras sarpullidos izquierdistas, habíamos devenido en socialdemócratas convencidos de que no puede haber socialismo sin libertad y que garantizar la tranquilidad y la seguridad para todos los ciudadanos “desde la cuna hasta la tumba” construyendo un Estado del bienestar merecía la pena.
La apelación a la responsabilidad de los diputados tuvo efecto. Asumí un compromiso que se fue prolongando en el tiempo durante el cual he sido militante y dirigente del partido, primero como secretario general provincial, después como secretario general de Castilla-La Mancha y miembro del Comité Federal. Durante ese tiempo no siempre he estado de acuerdo al 100% con las decisiones del partido, pero siempre en más del 50%.
Durante esos años tuve ocasión de conocer bien la organización y, sobre todo, a los compañeros de base; a cientos de concejales y alcaldes que lo daban todo para mejorar la vida de sus paisanos sin esperar nada a cambio. Para mí, el verdadero partido es el de los militantes que viven con pasión ideológica y desinterés personal su compromiso político. No el de los dirigentes, especialmente cuando no están a la altura ética de las bases que no son muchos, aunque sean demasiados.
Hace poco hablé con Luis. Me contó que está triste y desconcertado. Que en su agrupación local cunde el desánimo y que han bajado de 200 militantes a apenas unas docenas. Cuando me dijo que se le saltan las lágrimas al comentar las noticias en la Casa del Pueblo, sólo pude decirle que lo mejor del Partido Socialista siempre ha sido el compromiso y el ejemplo de compañeros como él, y que tendrá futuro mientras haya militantes así. Traté de animarle recordándole todo lo que había hecho por su pueblo y lo conseguido en España y en Castilla-La Mancha. Yo sigo estando en el partido por los cientos de compañeros que, como Luis, dedican una buena parte de su tiempo trabajando por la igualdad. Y por ellos albergo esperanza.
Opinión en EL PAÍS
