Las Brigadas Internacionales vivieron años en el ostracismo de la memoria de los estadounidenses y de los españoles. En aquel lado del Atlántico se justificó el «olvido» por su vinculación al comunismo y a la Unión Soviética; lo que de golpe convertía a todos sus miembros en antiamericanos y en sospechosos habituales de lo que terminaría escalando hasta una caza de brujas. Y es que una de las contradicciones de este grupo de voluntarios extranjeros fue luchar en pos de la libertad y la democracia mientras apoyaban el mandato de Stalin.
Aquí, en España, el triunfo de Franco hizo imposible cualquier acercamiento a quienes lucharon junto a la «enemiga» República. Sin embargo, en los años 60, con el dictador todavía vivo, hubo un rebrote del interés en las Brigadas Internacionales y también en el Batallón Lincoln (fundamental en esta historia). Tendencia que continuó en alza con la llegada de la democracia y que, en 1995, vivió uno de sus momentos álgidos con la votación en el Congreso de los Diputados a favor de que se concediera la nacionalidad española a los brigadistas. Incluso la derecha de José María Aznar, todavía en la oposición, se sumó aquel 28 de noviembre a PSOE, IU, PNV y CiU para sacar adelante la iniciativa.
Pero es posible que poca gente haya contribuido tanto a alimentar la leyenda de las Brigadas Internacionales como Ernest Hemingway. El autor de «Por quién doblan las campanas» (1940) fue el encargado de trasladar al imaginario común una figura como la del comandante Robert H. Merriman. Su nombre apareció en la historia como el gran inspirador del protagonista de la novela, Robert Jordan: un profesor universitario que vino hasta España para luchar por la causa republicana y que muere en la guerra. Un tipo que en el cine encarnó Gary Cooper en el 43, junto a Ingrid Bergman. «Tenía hambre a menudo –se presenta en el libro–, pero no acostumbraba a preocuparse porque le daba igual lo que pudiera ocurrirle; y sabía por experiencia lo fácil que era moverse tras las líneas enemigas en ese país. Era tan fácil como atravesarlas, siempre que contara uno con un buen guía. Lo difícil era no concederle demasiada importancia a lo que pudiera ocurrirte si te atrapaban. Eso y decidir en quién confiar».
Joven, alto, delgado y con mechones rubios descoloridos por el sol, como aparece en la obra, este hijo postizo de Hemingway vuelve ahora a la memoria por el estudio que dos hermanos, Fernando y Javier Pérez Gómez, han llevado a cabo sobre su inspirador: «El legendario comandante Robert Merriman», como han titulado el volumen que edita Espasa.
Apasionados de la historia, los autores acudieron al Archivo Militar de Ávila en busca de información sobre excombatientes de ambos bandos a los que habían entrevistado. Pero una vez allí, Fernando tuvo un «capricho» más: preguntar por el nombre del famoso Merriman. Y la sorpresa fue encontrarse con buena parte del contenido de la maleta que el jefe de Estado Mayor de la XV Brigada Internacional abandonó el 17 de marzo de 1938, en Alcorisa (Teruel), para evitar ser capturado por las tropas franquistas, «un hecho hasta ahora totalmente desconocido», apuntan los Pérez Gómez.
Todos dicen ser Robert Jordan
En el archivo del coronel Francisco Hidalgo de Cisneros, a quien le entregaron sus subordinados las pertenencias como responsable de la IV División de Navarra, aparecieron 77 fotografías del americano que se habían depositado en abril de 2008. Y es a partir de este descubrimiento desde el que se arma una publicación que rastrea la vida y obra de un hombre que dista más de lo que se creía de Robert Jordan. Desde un principio se dio por sentada la unión entre los dos hombres, no obstante, la misión del personaje de Hemingway, una operación de guerrilla, «no se parecía en nada a las labores que desempeñó como militar el profesor de Berkeley», apuntan. De hecho, es Irving Goff, actor neoyorquino que luchó como guerrillero en el frente de Teruel y soldado entrenado por instructores soviéticos en el manejo de explosivo, quien puede guardar más similitudes con la ficción. De él pudo sacar Jordan su «pasión» por los explosivos y su capacidad para hacer volar cualquier tipo de puente.
Pero realmente ese no es el foco principal del trabajo de los Pérez Gómez. La pareja de autores rastrea la vida del comandante a través de esa maleta en la que también se guardaban dos uniformes nuevos y dos banderas. «Pero de esto no hemos encontrado más que referencias», confiesa Javier. Lo que sí han logrado rescatar son las decenas de imágenes de la contienda, en las que Merriman es indiscutible protagonista, pero entre las que aparecen otros ilustres como el propio escritor de «Fiesta» o John Dos Passos, con quienes el militar grabó un programa de radio.
En la reconstrucción de la vida de Merriman, al tiempo que se sigue la pista de su mujer Marion, ha ayudado ese puñado de cartas donde los amigos y familiares del matrimonio intercambian preocupaciones entre España y Norteamérica: «Dudo de contarte nuestras propias vidas en contraste con las vuestras tan interesantes. Y que podemos hacer nosotros comparado con la lucha que en primera linea llevais vosotros contra el fascismo y su terror?. Nosotros, vivimos, comemos y esperamos [sic]», escriben desde Honolulú Bill y Dorothy Taylor en agosto de 1937.
Es está quizá la parte «más humana» –apuntan los investigadores– de una obra que traza de este modo un paralelismo con el título de Hemingway, en el que la relación Robert con su pareja saca el lado más amoroso del autor estadounidense, aunque aquí aparece apoyado por los testimonios de esas cartas y las fotografía.
También sobresale un poema anónimo que el estadounidense guardaba con celo en su equipaje, «Reflexiones de un rojo en el frente», un texto que sorprende a los autores por su «enorme crítica» al Ejército republicano. «Es una burla», explica Javier Pérez Gómez: «Por lo que podemos intuir que o lo escribió algún franquista o un republicano con una gran capacidad para la autocrítica». En total, 175 versos hexasílabos que tratan varios temas ligeros en forma de romancillo: «¡No pasarán! Dice/ ¡Vaya un tío pasmao!/ ¡Los hay optimistas!/ ¡¡¡Pero si han pasao!!! (…) La tierra es pa’ todos/ con tó lo que dén/ y las gachís guapas/ son pa’ tos también (…) Bueno, camaradas,/ lo siento muchismo/ pero a mí no me hace/ lo del comunismo [sic]».
Ahora, con la historia que cargaba la maleta a salvo, «solo» falta un pero: dar con los huesos del primer comandante del Batallón Lincoln, desaparecido en las cercanías de Corbera d’Ebre (Tarragona) en abril de 1938. «Pero eso lo veo imposible», lamenta Javier.
EL HIMNO DEL ‘VALLE DEL JARAMA’
Además, Javier Pérez Gómez destcaa otro de los grandes hallazgos del libro sobre uno de los símbolos del Batallón Lincoln: la icónica canción «The Valley of Jarama». Hasta ahora se creía que la letra de este himno había sido escrita por un voluntario escocés, Alex McDade, inicialmente para el Batallón Británico: «Pues bien, cabe decir que hemos descubierto en el Archivo de la Memoria Democrática de Salamanca una versión de la letra, firmada por el mismo McDade, que se creía que era de principios de 1939, es decir, cuando los Internacionales ya habían salido de España, pero que en realidad ya había sido escrita antes de que Alex McDade muriera en Brunete en julio de 1937. Esta letra manuscrita debió de ser encontrada por las tropas franquistas en la retirada de Aragón de 1938, en fechas similares a la maleta de Merriman».
La maleta que el jefe del Batallón Lincoln abandonó hace 90 años, en Teruel, sirve ahora para reconstruir una historia que se creía perdida
Las Brigadas Internacionales vivieron años en el ostracismo de la memoria de los estadounidenses y de los españoles. En aquel lado del Atlántico se justificó el «olvido» por su vinculación al comunismo y a la Unión Soviética; lo que de golpe convertía a todos sus miembros en antiamericanos y en sospechosos habituales de lo que terminaría escalando hasta una caza de brujas. Y es que una de las contradicciones de este grupo de voluntarios extranjeros fue luchar en pos de la libertad y la democracia mientras apoyaban el mandato de Stalin.
Aquí, en España, el triunfo de Franco hizo imposible cualquier acercamiento a quienes lucharon junto a la «enemiga» República. Sin embargo, en los años 60, con el dictador todavía vivo, hubo un rebrote del interés en las Brigadas Internacionales y también en el Batallón Lincoln (fundamental en esta historia). Tendencia que continuó en alza con la llegada de la democracia y que, en 1995, vivió uno de sus momentos álgidos con la votación en el Congreso de los Diputados a favor de que se concediera la nacionalidad española a los brigadistas. Incluso la derecha de José María Aznar, todavía en la oposición, se sumó aquel 28 de noviembre a PSOE, IU, PNV y CiU para sacar adelante la iniciativa.
Pero es posible que poca gente haya contribuido tanto a alimentar la leyenda de las Brigadas Internacionales como Ernest Hemingway. El autor de «Por quién doblan las campanas» (1940) fue el encargado de trasladar al imaginario común una figura como la del comandante Robert H. Merriman. Su nombre apareció en la historia como el gran inspirador del protagonista de la novela, Robert Jordan: un profesor universitario que vino hasta España para luchar por la causa republicana y que muere en la guerra. Un tipo que en el cine encarnó Gary Cooper en el 43, junto a Ingrid Bergman. «Tenía hambre a menudo –se presenta en el libro–, pero no acostumbraba a preocuparse porque le daba igual lo que pudiera ocurrirle; y sabía por experiencia lo fácil que era moverse tras las líneas enemigas en ese país. Era tan fácil como atravesarlas, siempre que contara uno con un buen guía. Lo difícil era no concederle demasiada importancia a lo que pudiera ocurrirte si te atrapaban. Eso y decidir en quién confiar».
Joven, alto, delgado y con mechones rubios descoloridos por el sol, como aparece en la obra, este hijo postizo de Hemingway vuelve ahora a la memoria por el estudio que dos hermanos, Fernando y Javier Pérez Gómez, han llevado a cabo sobre su inspirador: «El legendario comandante Robert Merriman», como han titulado el volumen que edita Espasa.
Apasionados de la historia, los autores acudieron al Archivo Militar de Ávila en busca de información sobre excombatientes de ambos bandos a los que habían entrevistado. Pero una vez allí, Fernando tuvo un «capricho» más: preguntar por el nombre del famoso Merriman. Y la sorpresa fue encontrarse con buena parte del contenido de la maleta que el jefe de Estado Mayor de la XV Brigada Internacional abandonó el 17 de marzo de 1938, en Alcorisa (Teruel), para evitar ser capturado por las tropas franquistas, «un hecho hasta ahora totalmente desconocido», apuntan los Pérez Gómez.
Todos dicen ser Robert Jordan
En el archivo del coronel Francisco Hidalgo de Cisneros, a quien le entregaron sus subordinados las pertenencias como responsable de la IV División de Navarra, aparecieron 77 fotografías del americano que se habían depositado en abril de 2008. Y es a partir de este descubrimiento desde el que se arma una publicación que rastrea la vida y obra de un hombre que dista más de lo que se creía de Robert Jordan. Desde un principio se dio por sentada la unión entre los dos hombres, no obstante, la misión del personaje de Hemingway, una operación de guerrilla, «no se parecía en nada a las labores que desempeñó como militar el profesor de Berkeley», apuntan. De hecho, es Irving Goff, actor neoyorquino que luchó como guerrillero en el frente de Teruel y soldado entrenado por instructores soviéticos en el manejo de explosivo, quien puede guardar más similitudes con la ficción. De él pudo sacar Jordan su «pasión» por los explosivos y su capacidad para hacer volar cualquier tipo de puente.
Pero realmente ese no es el foco principal del trabajo de los Pérez Gómez. La pareja de autores rastrea la vida del comandante a través de esa maleta en la que también se guardaban dos uniformes nuevos y dos banderas. «Pero de esto no hemos encontrado más que referencias», confiesa Javier. Lo que sí han logrado rescatar son las decenas de imágenes de la contienda, en las que Merriman es indiscutible protagonista, pero entre las que aparecen otros ilustres como el propio escritor de «Fiesta» o John Dos Passos, con quienes el militar grabó un programa de radio.
En la reconstrucción de la vida de Merriman, al tiempo que se sigue la pista de su mujer Marion, ha ayudado ese puñado de cartas donde los amigos y familiares del matrimonio intercambian preocupaciones entre España y Norteamérica: «Dudo de contarte nuestras propias vidas en contraste con las vuestras tan interesantes. Y que podemos hacer nosotros comparado con la lucha que en primera lineallevais vosotros contra el fascismo y su terror?. Nosotros, vivimos, comemos y esperamos [sic]», escriben desde Honolulú Bill y Dorothy Taylor en agosto de 1937.
Es está quizá la parte «más humana» –apuntan los investigadores– de una obra que traza de este modo un paralelismo con el título de Hemingway, en el que la relación Robert con su pareja saca el lado más amoroso del autor estadounidense, aunque aquí aparece apoyado por los testimonios de esas cartas y las fotografía.
También sobresale un poema anónimo que el estadounidense guardaba con celo en su equipaje, «Reflexiones de un rojo en el frente», un texto que sorprende a los autores por su «enorme crítica» al Ejército republicano. «Es una burla», explica Javier Pérez Gómez: «Por lo que podemos intuir que o lo escribió algún franquista o un republicano con una gran capacidad para la autocrítica». En total, 175 versos hexasílabos que tratan varios temas ligeros en forma de romancillo: «¡No pasarán! Dice/ ¡Vaya un tío pasmao!/ ¡Los hay optimistas!/ ¡¡¡Pero si han pasao!!! (…) La tierra es pa’ todos/ con tó lo que dén/ y las gachís guapas/ son pa’ tos también (…) Bueno, camaradas,/ lo siento muchismo/ pero a mí no me hace/ lo del comunismo [sic]».
Ahora, con la historia que cargaba la maleta a salvo, «solo» falta un pero: dar con los huesos del primer comandante del Batallón Lincoln, desaparecido en las cercanías de Corbera d’Ebre (Tarragona) en abril de 1938. «Pero eso lo veo imposible», lamenta Javier.
EL HIMNO DEL ‘VALLE DEL JARAMA’
►Además, Javier Pérez Gómez destcaa otro de los grandes hallazgos del libro sobre uno de los símbolos del Batallón Lincoln: la icónica canción «The Valley of Jarama». Hasta ahora se creía que la letra de este himno había sido escrita por un voluntario escocés, Alex McDade, inicialmente para el Batallón Británico: «Pues bien, cabe decir que hemos descubierto en el Archivo de la Memoria Democrática de Salamanca una versión de la letra, firmada por el mismo McDade, que se creía que era de principios de 1939, es decir, cuando los Internacionales ya habían salido de España, pero que en realidad ya había sido escrita antes de que Alex McDade muriera en Brunete en julio de 1937. Esta letra manuscrita debió de ser encontrada por las tropas franquistas en la retirada de Aragón de 1938, en fechas similares a la maleta de Merriman».
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