El 13 de septiembre de 1999 la Luna sufrió una terrible explosión atómica tras unas fortísimas e inexplicables tensiones magnéticas. El satélite abandonaba la tutela de la Tierra impulsado por la deflagración de los residuos nucleares. En la base lunar «Alfa», una tripulación vestida de gris claro, con pantalones de campana y botines con tacón, quedaba pegada al suelo aplastada por la gravedad. Se miraban unos a otros con sus peinados setenteros preguntándose si volverían a casa o vagarían por el cosmos. La computadora, muy lejos aún de la inteligencia artificial, sentenció: «Se requiere solución humana». La esperanza era llegar a «Meta», un planeta habitable. En medio del suspense, una sintonía discotequera anunciaba que había que esperar al próximo episodio. Era «Espacio 1999», o como decía la voz latina en off, «Cosmos, 1999». El estreno en España fue el 30 de septiembre de 1976, un jueves, a las 15:30, después del telediario, reposando la comida. La serie tuvo un enorme éxito en Estados Unidos un año antes, y en España causó sensación.
Pero no para todos. El crítico de «Abc», Enrique del Corral, dijo al día siguiente del estreno que el episodio había sido «tonto, ñoño y pueril». Sus protagonistas, escribió, estaban «envarados, faltos de sitio». Los efectos especiales –faltaba poco más de un año para el estreno de «La guerra de las galaxias», de George Lucas– le habían parecido «viejos». Lo curioso es que dijo que no debía emitirse a mediodía, cuando los niños estaban todavía en el colegio, sino por la tarde, en el programa «Un globo, dos globos, tres globos». Y así fue: se programó los miércoles a las 19:00. El motivo, según explicó RTVE, es que había recibido miles de cartas de toda España pidiendo que «Espacio 1999» se emitiera en una franja más juvenil. Recordemos que era otro país y que todo el mundo veía el mismo canal de televisión.
El impacto fue brutal en aquella generación de niños y jóvenes, y la audiencia, claro está, fue completa. Sin posibilidad de importar a España el merchandising americano, aquí, además de los cromos, Madelman sacó una serie de muñecos de acción llamada «Cosmic». El nombre venía de la voz latina en off del doblaje, que presentaba el show lunar diciendo «Cosmos 1999».
Tensión psicológica
Esa misma voz iba leyendo los nombres de los protagonistas según salían. En la presentación aparecían dos famosos de la televisión única: Martin Landau (el comandante John Koenig) y Barbara Bain (la doctora Helena Russell), caras archiconocidas por «Misión Imposible». El público español los miraba con arrobo porque no solo eran pareja en trepidantes episodios de acción y tensión psicológica, sino que estaban casados. También los españoles supieron que quien los había contratado para la serie era otro matrimonio, los productores británicos Gerry y Sylvia Anderson, famosos por crear los «Thunderbirds», una serie de ciencia-ficción protagonizada por marionetas estrenada en España en 1967 como «Guardianes del espacio», y luego otra, «UFO», que aquí la emitió TVE en 1973, sobre una invasión alienígena de la Tierra en 1980. Los españoles estaban fascinados con el futuro más cercano. No solo llegaba la democracia y se dejaba atrás la dictadura, sino que a la vuelta de la esquina estaban el contacto con extraterrestres y la colonización de la Luna y de planetas del sistema solar. Fue un narcotizante excepcional, muy útil para dejar de mirar al pasado, a un país de enfrentamiento y mucho esfuerzo, y comenzar a mirar el día de mañana con gran esperanza en todos los sentidos.
La tecnología prometía un futuro mucho más prometedor que el presente, con energía atómica ilimitada, tareas robotizadas, viajes interestelares, naves que entraban y salían de la atmósfera como un Simca 1000 del parking, rayos láser y una humanidad unida frente al invasor. El alunizaje todavía estaba en la memoria colectiva, y parecía que la carrera espacial se aceleraría en los años inmediatos. De ahí que el futuro de la serie, establecido a finales del siglo XX, fuera tan cercano.
«Espacio 1999» tuvo una primera temporada más «filosófica» que la segunda, a la que llenaron de marcianos de colores por obra y gracia del norteamericano Fred Freiberger, conocido por cancelar la «Star Trek» original. Para el año 1976, los españoles estaban fascinados con las posibilidades que ofrecía el avance humano, tal y como mostraba la serie de la base lunar. Esto impulsó otras ramas de la cultura. Los jóvenes devoraban las novelas de ciencia ficción, y llenaron los cines cuando se estrenó «La guerra de las galaxias» en noviembre de 1977. Hasta siete millones de espectadores. La serie de la Luna escapando de la órbita terrestre que emitió TVE preparó el camino para la explosión de la cultura popular que, también en esto, consiguió equiparar a nuestro país con el resto de sociedades occidentales.
Se estrenó en un país que miraba hacia el futuro, en una época donde la colonización de la Luna o la tecnología avanzaban unos años venideros prometedores
El 13 de septiembre de 1999 la Luna sufrió una terrible explosión atómica tras unas fortísimas e inexplicables tensiones magnéticas. El satélite abandonaba la tutela de la Tierra impulsado por la deflagración de los residuos nucleares. En la base lunar «Alfa», una tripulación vestida de gris claro, con pantalones de campana y botines con tacón, quedaba pegada al suelo aplastada por la gravedad. Se miraban unos a otros con sus peinados setenteros preguntándose si volverían a casa o vagarían por el cosmos. La computadora, muy lejos aún de la inteligencia artificial, sentenció: «Se requiere solución humana». La esperanza era llegar a «Meta», un planeta habitable. En medio del suspense, una sintonía discotequera anunciaba que había que esperar al próximo episodio. Era «Espacio 1999», o como decía la voz latina en off, «Cosmos, 1999». El estreno en España fue el 30 de septiembre de 1976, un jueves, a las 15:30, después del telediario, reposando la comida. La serie tuvo un enorme éxito en Estados Unidos un año antes, y en España causó sensación.
Pero no para todos. El crítico de «Abc», Enrique del Corral, dijo al día siguiente del estreno que el episodio había sido «tonto, ñoño y pueril». Sus protagonistas, escribió, estaban «envarados, faltos de sitio». Los efectos especiales –faltaba poco más de un año para el estreno de «La guerra de las galaxias», de George Lucas– le habían parecido «viejos». Lo curioso es que dijo que no debía emitirse a mediodía, cuando los niños estaban todavía en el colegio, sino por la tarde, en el programa «Un globo, dos globos, tres globos». Y así fue: se programó los miércoles a las 19:00. El motivo, según explicó RTVE, es que había recibido miles de cartas de toda España pidiendo que «Espacio 1999» se emitiera en una franja más juvenil. Recordemos que era otro país y que todo el mundo veía el mismo canal de televisión.
El impacto fue brutal en aquella generación de niños y jóvenes, y la audiencia, claro está, fue completa. Sin posibilidad de importar a España el merchandising americano, aquí, además de los cromos, Madelman sacó una serie de muñecos de acción llamada «Cosmic». El nombre venía de la voz latina en off del doblaje, que presentaba el show lunar diciendo «Cosmos 1999».
Esa misma voz iba leyendo los nombres de los protagonistas según salían. En la presentación aparecían dos famosos de la televisión única: Martin Landau (el comandante John Koenig) y Barbara Bain (la doctora Helena Russell), caras archiconocidas por «Misión Imposible». El público español los miraba con arrobo porque no solo eran pareja en trepidantes episodios de acción y tensión psicológica, sino que estaban casados. También los españoles supieron que quien los había contratado para la serie era otro matrimonio, los productores británicos Gerry y Sylvia Anderson, famosos por crear los «Thunderbirds», una serie de ciencia-ficción protagonizada por marionetas estrenada en España en 1967 como «Guardianes del espacio», y luego otra, «UFO», que aquí la emitió TVE en 1973, sobre una invasión alienígena de la Tierra en 1980. Los españoles estaban fascinados con el futuro más cercano. No solo llegaba la democracia y se dejaba atrás la dictadura, sino que a la vuelta de la esquina estaban el contacto con extraterrestres y la colonización de la Luna y de planetas del sistema solar. Fue un narcotizante excepcional, muy útil para dejar de mirar al pasado, a un país de enfrentamiento y mucho esfuerzo, y comenzar a mirar el día de mañana con gran esperanza en todos los sentidos.
La tecnología prometía un futuro mucho más prometedor que el presente, con energía atómica ilimitada, tareas robotizadas, viajes interestelares, naves que entraban y salían de la atmósfera como un Simca 1000 del parking, rayos láser y una humanidad unida frente al invasor. El alunizaje todavía estaba en la memoria colectiva, y parecía que la carrera espacial se aceleraría en los años inmediatos. De ahí que el futuro de la serie, establecido a finales del siglo XX, fuera tan cercano.
«Espacio 1999» tuvo una primera temporada más «filosófica» que la segunda, a la que llenaron de marcianos de colores por obra y gracia del norteamericano Fred Freiberger, conocido por cancelar la «Star Trek» original. Para el año 1976, los españoles estaban fascinados con las posibilidades que ofrecía el avance humano, tal y como mostraba la serie de la base lunar. Esto impulsó otras ramas de la cultura. Los jóvenes devoraban las novelas de ciencia ficción, y llenaron los cines cuando se estrenó «La guerra de las galaxias» en noviembre de 1977. Hasta siete millones de espectadores. La serie de la Luna escapando de la órbita terrestre que emitió TVE preparó el camino para la explosión de la cultura popular que, también en esto, consiguió equiparar a nuestro país con el resto de sociedades occidentales.
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