Brasil, peligro de involución

Los brasileños acuden este domingo a las urnas electrónicas para decidir mucho más que quién ocupará el Palacio de Planalto durante los próximos cuatro años. Está en juego si el gigante americano puede seguir avanzando como potencia democrática y regional o si se arriesga volver a caer en la senda de la involución.

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 Lula y Bolsonaro hijo se enfrentan el domingo en la primera vuelta de unas elecciones que ponen a prueba la democracia  

Editorial

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Lula y Bolsonaro hijo se enfrentan el domingo en la primera vuelta de unas elecciones que ponen a prueba la democracia

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Un puesto de cocos en la playa con un cartel del presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, candidato a la reelección, en Río de Janeiro. Pilar Olivares (REUTERS)
El País

Los brasileños acuden este domingo a las urnas electrónicas para decidir mucho más que quién ocupará el Palacio de Planalto durante los próximos cuatro años. Está en juego si el gigante americano puede seguir avanzando como potencia democrática y regional o si se arriesga volver a caer en la senda de la involución.

Brasil llega a estas elecciones apenas cuatro años después de haber sufrido el intento más grave de quebrar su orden constitucional desde el final de la dictadura. La disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro enfrenta dos maneras antagónicas de entender en el mundo. Lo peor sería un resultado que abocase de nuevo al país al autoritarismo, en un continente en el que la pujanza de la derecha más conservadora y afín a Donald Trump amenaza con sabotear los equilibrios de poderes y el Estado de derecho.

Lula busca un cuarto mandato tras regresar al poder en 2023 con la promesa de reconstruir políticas sociales, reducir la desigualdad y reparar la destrucción de las instituciones y la convivencia durante los años de Jair Bolsonaro. Su Gobierno puede exhibir avances sociales reales y un desempleo históricamente bajo. Y aunque no basta con presentarse como dique frente al bolsonarismo, toda América y buena parte del mundo mirarán estos días a Brasil, porque la elección es nítida y las consecuencias resonarán más allá de sus fronteras.

Flávio Bolsonaro se presenta como una versión más moderada de su padre, pero su candidatura es inseparable del proyecto político que representa su clan familiar. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años y tres meses por la trama destinada a impedir la llegada de Lula al poder tras las elecciones de 2022. El asalto del 8 de enero de 2023 a las sedes de los tres poderes mostró hasta dónde podía conducir el desprecio hacia las reglas democráticas.

La promesa de Flávio Bolsonaro de indultar a su padre por aquellos hechos convierte esa turbia herencia en una cuestión central de la campaña y no deja dudas sobre lo que se decide este domingo y en la segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre. También pesan sobre el candidato sus propios problemas judiciales: la Policía Federal abrió este año una investigación por presunta corrupción y lavado de dinero, acusaciones que él atribuye a una persecución política.

Nada está decidido. Lula llega a la recta final con ventaja, pero los sondeos dibujan un empate en la segunda vuelta. Ante una Administración Trump que ha estrechado sus vínculos con gobiernos y movimientos conservadores en Amérioca Latina y ha reavivado la vieja doctrina imperialista del ‘patio trasero’, Brasil constituye un contrapeso diplomático de primer orden. Sería un error dilapidar esta influencia y renunciar a este papel.

Lula, símbolo del progresismo global, ha apostado por la autonomía estratégica y el multilateralismo, prioridades que Bolsonaro hijo sabotearía para adherirse a Trump. Y, por encima de todo, está la fortaleza de una democracia que hace apenas cuatro años estuvo sometida a una prueba extraordinaria que nunca más debería repetirse. Brasil demostró entonces que sus instituciones podían resistir. Estas elecciones medirán qué lecciones ha extraído el país de aquella funesta experiencia.

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