Después de haber estrenado en Netflix ‘Aquel’, el biopic de Netflix sobre Raphael, Carlos Santos y Javier Morgade coinciden en que este proyecto les ha permitido conocer experiencias de la vida del artista que desconocían hasta ahora. El actor de ‘Los hombres de Paco’ encarna al cantante en su etapa más madura y con esta ficción ha logrado algo que nunca habría imaginado: tener la firma de Raphael en un vinilo que había estado en su casa desde que tenía cinco años. Por su parte, Morgade se mete en la piel de un Rafael Martos que está comenzando a construir su carrera y al que, en alguna ocasión de pequeño, había imitado delante de su familia. Con el entusiasmo propio de cualquier seguidor, ambos atienden a LA RAZÓN para hablar sobre las vueltas que da la vida, relatar sus primeras impresiones y desvelar su encuentro con la estrella de la música y el trabajo detrás de cámaras con un vocal coach.
¿Cómo llegó este proyecto? ¿Hubo casting o les eligieron directamente?
Carlos: Me llamaron, estaban interesados en verme. Hice una prueba como muy, digamos, producida, es decir, me caracterizaron, me pusieron peluca… Lo hice con la actriz, con Natalia Varela, porque querían una prueba para ver si les encajaba. Me dijeron que si quería cantar algo, que me preparara algo para cantar. Canté después de la prueba de texto. Les canté ‘Qué sabe nadie’ y yo creo que eso ya les convenció. Llevo imitando a Raphael desde que tengo uso de razón. Verme metido ahí, maquillado, peinado y encima cantando por él, creo que fue definitivo.
Javier: En mi caso fue un poco todo lo contrario. Tuve una primera prueba con dos separatas, de capítulos uno y cuatro, cuando (Raphael) estaba empezando y cuando ya estaba como trabajando y empezando a construir el artista. Después de esa me pidieron que grabase la actuación de ‘Yo soy aquel’, la primera vez que él fue a Eurovisión. Me fui a un teatro en el que trabajaba una amiga un sábado por la mañana y la grabamos allí bonita. Después de esta prueba ya tuve una prueba final también con Natalia para ver la química, cómo funcionaba todo y después ya vino el ‘sí’ y los nervios y todo lo demás.
No sé si le han dicho que tiene un gran parecido con Raphael de joven
Javier: Me han dicho de todo, hay gente que ve muchísimo el parecido. Entiendo que, a lo mejor, un poco como estructura ósea, de cara, pero también por la nariz. Hay mucha gente que dice que mejor Camilo Sesto.
Carlos: Creo que el trabajo de maquillaje, peluquería, de los compañeros de vestuario, de en mi caso también de caracterización de FX, todo esto ayuda a crear la ilusión de que Javier Morgade y Carlos Santos pueden ser Raphael. No se busca una fotocopia, si se buscara una fotocopia nos mandarían directamente al cirujano plástico. Pero no, se busca un espíritu, captar la esencia, el alma del personaje. Luego ya lo de fuera, más o menos se busca que te aproximes a lo que era, pero yo creo que si te metes en la piel interna del personaje, hay muchas cosas de fuera que salen solas. La gente yo creo que a los cinco minutos, si ven a Javi con el espíritu de Raphael, con algo de su alma, de su espíritu, de su esencia, de lo que lleva, hay un momento que ya le empiezas a ver el parecido y dices: ‘Es que es Raphael’. Eso es lo que nosotros como actores intentamos hacer.
Debe de haber habido un buen trabajo de documentación, de ver muchos vídeos de sus gestos, su forma de hablar… ¿Cómo se han preparado?
Javier: En cuanto a vídeos y canciones: horas y horas y horas y horas. Es empaparse absolutamente de todo. Vi su documental. Al tener que hacer la parte más incipiente, había menos documentación gráfica de todo esto. Sí que es verdad que había alguna foto, pero el material era reducido. Me vi todas las películas que hizo en su época cuando hizo cine, me leí sus memorias. Había una cosa que me gustaba mucho hacer que era ver cómo contaba una experiencia vital, que contásemos en la serie, él en sus memorias. Cómo él relata esa historia y luego buscar entrevistas que le hiciesen en esa misma época porque hay veces que cuando contamos nuestra propia historia la maquillamos. Me molaba mucho ver ese contraste porque también me contaba cosas de su personalidad.
Carlos: En mi caso igual. Hay un salto desde que Javier deja el personaje y lo cojo yo. Una vez que aparezco, es el Raphael que todo el mundo tiene en su memoria, en el imaginario colectivo. Es el Raphael que ya ha triunfado, es una estrella a nivel mundial, tiene como otro poso en el escenario, tiene una familia. De hecho, pasamos del capítulo 6 que es la historia de amor con Natalia, la boda, al capítulo 7, con tres hijos, algunos adolescentes y otros a punto de dejar el hogar. Hay un salto importante y hay un salto vital importante. Esa época hay mucha más documentación y hay un salto del personaje. Es Raphael, no Rafael Martos, es una institución mundial y ya hay otro poso. Jacobo Martos, su hijo, nos ayudó también muchísimo, tanto a Natalia como a Javi, como a mí, tanto fuera del plató como en plató, porque estaba siempre ahí al pie del cañón con nosotros para que, a modo de red, no dejarnos caer y que estuviéramos seguros. La presencia de Jacobo para mí fue bastante definitiva porque a mí me hizo sentir muy seguro. Tener a su hijo ahí con nosotros, dándonos la mano y apoyándonos, te da mucha confianza y te ayuda a tirarte al vacío.
¿Han tenido la oportunidad de hablar con Raphael antes, durante y después del rodaje?
Javier: Sí. Al rodaje vino un día, pero él estaba de gira mientras nosotros rodábamos. Él arrancaba el ‘Raphaelísmo Tour’ el día antes que nosotros empezásemos a rodar. Tanto a Carlos como a mí nos invitó a la Zarzuela a que le pudiésemos ver. En mi caso, esa fue la primera vez que yo pude hablar con él. Al terminar el concierto bajamos al camerino y la verdad que fue un hombre encantador. Consejos como tal no. Sentía como que él estaba contento con que esto se estuviese haciendo, como que lo observaba en la sombra, pero como que de alguna manera creo que quería que no sintiésemos la presión o que él iba a estar detrás o no mostrarlo mucho. Solo me preguntó que si me trataban bien en la serie o si tenía que ir a poner orden, pero no me dijo nada en plan: ‘Oye, espero ver esto, espero ver lo otro’. También lo agradecí porque creo que hubiese sentido mucho la presión.
Hubo días de rodaje que iban sus nietos y era muy guay. A mí me daba mucho subidón cuando, de pronto, por el rabillo del ojo, les veías como sorprendidos con la secuencia que estabas grabando y como que veían un gesto y una vez escuché a Nico que decía: ‘Eso lo hace el abuelo’. Consejos directamente como tal, por parte de Raphael, no. Nos dio bastante libertad. A lo mejor también era una prueba. A lo mejor también estaba ahí ojo avizor.
Carlos: Al acabar ya el proyecto, al presentarlo al público y al presentarlo oficialmente, hemos tenido el cariño infinito de toda la familia, pero desde el primero que es Raphael hasta el último nieto o nieta que han venido. Creo que es el mayor premio que yo me llevo de esta serie. Más allá de que funcione o no funcione con el espectador, al que le guste más, le guste menos, quien vea más a Raphael, quien vea menos a Raphael. El hecho de que la familia, los nietos, los hijos, su propia mujer, nos dijeran las cosas tan bonitas que nos han dicho tanto a Javi como a mí el día del estreno, que vinieron uno por uno a felicitarnos y a darnos las gracias, o sea, es que a darnos las gracias por haber hecho esta serie que para ellos es su vida, es la historia de un miembro de su familia importantísimo, del patriarca. Esto para mí es el mayor premio que me llevo de esta serie, independientemente de lo que piense el público. Ahora mismo ya está en Netflix, lleva ya un par de semanas, pero que la familia nos viniera a dar la enhorabuena y a dar las gracias, eso se nos queda aquí dentro para siempre.
¿Han tenido que dar clases de canto para rodar la serie?
Javier: Trabajamos con un coach vocal que se llama Felipe Forastier. En mi caso sí que intenté cantarlas al principio porque siempre, cuanto más hagas, entendemos que mejor. En mi caso, yo canto como un tractor, entonces tenía que hacer 12 actuaciones a lo largo de toda la serie, tuvimos tres semanas de ensayos y era como mucho trabajo. Raphael tiene una forma de cantar que es única y ya no solo es aprender a cantar, sino hacerlo como él. Es verdad que la productora planteó desde un principio que la voz de las actuaciones las pudiera hacer un imitador de Raphael (Sergio Romero). Él es quien canta, quien pone la voz. Al principio intenté cantarlas, pero cuando ya vimos que esto iba a ser así, cambiamos el enfoque y con el coach nos centramos en coger las canciones y ver dónde respiraba, dónde proyectaba más, dónde menos, qué técnica utilizaba, cómo colocaba el velo del paladar. Si de pronto estás haciendo según que nota, pues hay X movimiento que no puedes hacer porque serían incompatibles, no puedes estar proyectando una manera y de pronto girar el cuello. Pusimos mucho el foco en esas cosas y en mi caso esa fue la manera de abordar el trabajo.
Carlos: La música es una parte muy importante, pero si nos centramos en las actuaciones, Raphael, solo hay uno. Aquí lo que estamos es contando otra parte, otras cosas que no se saben. Para oír a Raphael cogemos y nos ponemos un disco y creo que la serie busca otra cosa, pero evidentemente el Raphael encima de un escenario es una parte importantísima de la historia y de quién es Raphael. Entonces sí que hay un trabajo ahí, pero sobre todo el más importante, en nuestro caso, es la historia, que es lo que estamos aquí. Yo sí canto, hay una pequeña parte en la que sí que soy yo el que está cantando en el Jekyll y Hyde, pero también me han doblado para que la voz fuera la misma en todas y no hubiera un salto de voz.
Acaba de mencionar la escena de Jekyll y Hyde, imagino que ha sido lo más difícil de grabar al tener que cambiar de un personaje a otro cantando.
Carlos: No, lo más difícil para mí ha sido el capítulo 8 entero en general, porque no es solo lo de Jekyll y Hyde, es la enfermedad, es todo ese mundo que se tambalea a su alrededor, la posibilidad de perderlo todo. Estamos hablando de un trasplante de hígado, no estamos hablando de un resfriado. Emocionalmente, ese viaje del capítulo 8, la verdad es que fue muy intenso porque es todo lo que hemos ido construyendo sobre la serie, todo lo que hemos creado. Se ha ido creando toda esa historia que ha sido contando Raphael su infancia, su adolescencia, cómo empieza a cantar, sus giras, cómo eso de un plumazo puede desaparecer para una persona como Raphael, que su carrera y su profesión ocupa un lugar tan importante en su vida junto prácticamente a la par que su familia. Trabajar emocionalmente todo lo que es el capítulo 8 fue bastante duro.
El primer recuerdo que tienen de Raphael diferirá mucho porque son dos generaciones distintas.
Carlos: Forma parte de mi memoria desde que tengo uso de razón. En mi casa hay un vinilo… (procede a buscarlo)
Javier: El primer recuerdo que yo tengo de Raphael son de las Navidades. Nos acompañaba en todas las Navidades, las galas de fin de año. Además, yo de crío en algunas Navidades jugué como a hacer de Raphael para hacer la comedia para mi familia, pero en ese momento ni se me pasaba que esa anécdota fuese a estar contándotela hoy por las razones por las que te la estoy contando. Todos conocemos canciones de Raphael, ‘Mi gran noche’ sigue cerrando fiestas, pero es verdad que, cuando yo nací, Raphael ya tenía 50 años. Mi primer recuerdo es el artista consagrado. No tengo recuerdo de toda la época que me tocó interpretar, esa la tuve que conocer de cero.
Carlos: En mi casa de toda la vida he estado este vinilo. Esto es del año 82, ha estado en mi familia desde que yo tenía 5 años. Este es el vinilo con el que él ganó el disco de Uranio, que vendió 80 millones de copias, es una barbaridad. Se inventó la categoría de disco de Uranio por este disco. Ahora 40 años después lo tengo, pero firmado por Raphael. Tener este vinilo con ‘El tamborilero’, ‘Qué sabe nadie’, ‘Yo soy aquel’, ‘Digan lo que digan’, firmado por él y haberle interpretado, imagínate lo que supone para mí. Está dedicado a mí y a mi madre, que conste.
A lo largo de los ocho capítulos se muestran varios episodios del artista, desde su participación en Eurovisión a la mili, la visita a la URSS… ¿Hay cosas que se cuentan en la serie que no sabían?
Javier: Un montón, lo del viaje a la URSS es una de las cosas que a mí más me volaron la cabeza. Otra cosa que me llamó mucho la atención es que el concepto de concierto, tal y como lo conocemos en España hoy en día, lo trajo él. Antes no se hacían conciertos de sale el solista cantante con sus músicos y tal. Antes eran espectáculos de variedades, veías diferentes tipos de show. Él fue el primero que hizo un concierto, fue el primero en ponerle el nombre de concierto, que era algo que incluso se ponía en duda y él había cogido la referencia de Édith Piaf en Francia, él quería hacer eso mismo.
Carlos: Arriesgando además de su capital, su crédito. Si esto sale mal, no sabemos qué habría pasado. Supongo que habría renacido por otro lado. Raphael iba a llegar, sí o sí, por un lado o por otro tenía que llegar.
Javier: Pero si ese experimento le hubiese salido mal, a lo mejor lo hubiesen etiquetado como delirio de un artista.
Carlos: Y hubiera tardado más en triunfar. Creo que ese momento, en el que él se sube al teatro de la Zarzuela, tan emblemático en la historia de Raphael… La vuelta cuando tuvo el trasplante de hígado fue en el Teatro de la Zarzuela, la vuelta cuando ha tenido ahora el siguiente problema que ha tenido hace un año, también ha vuelto al Teatro de la Zarzuela. Ese concepto emblemático que aparece en la serie que lo hace Javi, efectivamente, eso no se había hecho antes.
Javier: Y también que en la actuación mítica, la primera vez que hace ‘El tamborilero’, llevaba peluca. Él estaba con el pelo rapado y le habían puesto peluca. Esa actuación es icónica, eso sí que es de los primeros recuerdos que yo tengo, todos los años aparecía en televisión. Descubrir eso también me llamó mucho la atención.
Carlos: Y por supuesto lo del éxito tremendo en Rusia es algo que nos ha volado la cabeza a todos.
Javier: Que se permitiese ese viaje, esa visita con el régimen que había en ese momento.
Carlos: Claro, en España estamos hablando de una dictadura como la que teníamos aquí. Que un artista aquí tan consagrado viaje a un país comunista es de locos y que le den el permiso es alucinante.
Carlos ha interpretado a varios personajes famosos. Uno de ellos es Luis Roldán en ‘El hombre de las mil caras’ y otro Pedro Almodóvar en ‘El ministerio del tiempo’. ¿Le queda algún personaje histórico, famoso e incluso artista que le gustaría interpretar?
Carlos: La verdad es que nunca me planteé que pudieran llamarme para hacer de Luis Roldán, que también es un recuerdo que tengo de cuando tenía 15 años, de cuando toda la movida de la fuga de Roldán. Jamás me imaginé que pudiera acabar interpretándolo o interpretar a Pedro Almodóvar o a Chicho Ibáñez Serrador o ahora a Raphael. Lo que me interesa es que sigan apareciendo personajes interesantes, reales o ficticios, y poder seguir trabajando de esto que es lo importante.
Javier: Además de Raphael también hice la película ‘Disco, Ibiza, Locomía’. Ya he interpretado a varios artistas que se subieron a un escenario, es verdad que los Locomía no cantaban, Raphael sí. Si hago cualquier otro biopic me encantaría que fuese alguien que no se suba al escenario a cantar, que sea otro tipo de historia, porque en caso de que fuese alguien que se suba a un escenario y a cantar, ahí quien me gustaría de verdad hacer es el de Bad Gyal. Por razones evidentes no me va a tocar a mí. Un día se me pasó por la cabeza que me encantaría hacer a Avicii, el DJ que falleció muy joven. Por ejemplo, el contar la historia de algún artista con una vida como fascinante, probablemente con muchos detalles que no conozcamos, pero no es algo que pienses, es algo que si se te plantea, ya lo coges con todas tus ganas y ves cómo lo haces, pero no, tampoco es algo que ronde mi cabeza normalmente.
Aún le queda una larga trayectoria en el mundo de la interpretación. ¿Hay algo del personaje de Raphael que le haya servido como crecimiento personal como actor?
Javier: Sí, además lo tengo claro. Una de las cosas más guais de explorar a Raphael para hacer este personaje fue esa confianza con la que se subía al escenario y hacía como cosas que solo él puede hacer, es muy auténtico encima del escenario. Además, podemos tener en cuenta el contexto en el que lo hacía. Los comentarios que se podían hacer sobre su forma de expresarse en el escenario a él no le pararon y él siguió persiguiendo su autenticidad, desarrollando una confianza cada vez más grande y sí que me gustaría quedarme con esa confianza, con el confiar en que lo que tú haces a la gente le gusta, que está bien, vivir esta profesión que al final siempre te acompaña la incertidumbre e intentas vivirlo con más confianza, con más calma.
Carlos: A mí lo lo mismo que dice Javi, sin duda. Al tener yo más años ya que Javi, una de las cosas que te da cierta tranquilidad es que, las cosas que te pasan a ti con 49 años o que te pasan con 30 dentro de la profesión, como actor, como artista, le pasan también a los más grandes por mucho éxito que tengan. Da igual el nivel al que estemos cada uno particularmente, forma parte de nuestra esencia como actores y como gente que se dedica a esto. Por un lado dices ‘esto no se cura’, pero por otro lado dices ‘es incurable, pero es inherente a la profesión, no es que yo me haya vuelto loco por tener estas angustias en mi cabeza, esto es le pasa a Raphael, a Julio Iglesias, a Madonna y a Robert De Niro’.
No puedo terminar sin preguntarles por su canción favorita de Raphael.
Javier: Yo tengo dos. ‘Yo soy aquel’, que es emblemática, pero ya me gustaba muchísimo desde antes de hacer esto, y en esta serie he descubierto ‘Balada triste de trompeta’, que me parece una canción perfecta para ser banda sonora de muchos momentos y esa me la estoy poniendo en Spotify de manera regular.
Carlos: Yo le tengo un cariño especial a ‘Qué sabe nadie’ de siempre y por esta serie también. Luego hay dos que me gustaban mucho de cuando era crío: ‘Como yo te amo’ y ‘Estar enamorado’.
Los actores interpretan a Raphael en distintos puntos de su vida en la serie de Netflix sobre el emblemático artista español
Después de haber estrenado en Netflix ‘Aquel’, el biopic de Netflix sobre Raphael, Carlos Santos y Javier Morgade coinciden en que este proyecto les ha permitido conocer experiencias de la vida del artista que desconocían hasta ahora. El actor de ‘Los hombres de Paco’ encarna al cantante en su etapa más madura y con esta ficción ha logrado algo que nunca habría imaginado: tener la firma de Raphael en un vinilo que había estado en su casa desde que tenía cinco años. Por su parte, Morgade se mete en la piel de un Rafael Martos que está comenzando a construir su carrera y al que, en alguna ocasión de pequeño, había imitado delante de su familia. Con el entusiasmo propio de cualquier seguidor, ambos atienden a LA RAZÓN para hablar sobre las vueltas que da la vida, relatar sus primeras impresiones y desvelar su encuentro con la estrella de la música y el trabajo detrás de cámaras con un vocal coach.
¿Cómo llegó este proyecto? ¿Hubo casting o les eligieron directamente?
Carlos: Me llamaron, estaban interesados en verme. Hice una prueba como muy, digamos, producida, es decir, me caracterizaron, me pusieron peluca… Lo hice con la actriz, con Natalia Varela, porque querían una prueba para ver si les encajaba. Me dijeron que si quería cantar algo, que me preparara algo para cantar. Canté después de la prueba de texto. Les canté ‘Qué sabe nadie’ y yo creo que eso ya les convenció. Llevo imitando a Raphael desde que tengo uso de razón. Verme metido ahí, maquillado, peinado y encima cantando por él, creo que fue definitivo.
Javier: En mi caso fue un poco todo lo contrario. Tuve una primera prueba con dos separatas, de capítulos uno y cuatro, cuando (Raphael) estaba empezando y cuando ya estaba como trabajando y empezando a construir el artista. Después de esa me pidieron que grabase la actuación de ‘Yo soy aquel’, la primera vez que él fue a Eurovisión. Me fui a un teatro en el que trabajaba una amiga un sábado por la mañana y la grabamos allí bonita. Después de esta prueba ya tuve una prueba final también con Natalia para ver la química, cómo funcionaba todo y después ya vino el ‘sí’ y los nervios y todo lo demás.
No sé si le han dicho que tiene un gran parecido con Raphael de joven
Javier: Me han dicho de todo, hay gente que ve muchísimo el parecido. Entiendo que, a lo mejor, un poco como estructura ósea, de cara, pero también por la nariz. Hay mucha gente que dice que mejor Camilo Sesto.
Carlos: Creo que el trabajo de maquillaje, peluquería, de los compañeros de vestuario, de en mi caso también de caracterización de FX, todo esto ayuda a crear la ilusión de que Javier Morgade y Carlos Santos pueden ser Raphael. No se busca una fotocopia, si se buscara una fotocopia nos mandarían directamente al cirujano plástico. Pero no, se busca un espíritu, captar la esencia, el alma del personaje. Luego ya lo de fuera, más o menos se busca que te aproximes a lo que era, pero yo creo que si te metes en la piel interna del personaje, hay muchas cosas de fuera que salen solas. La gente yo creo que a los cinco minutos, si ven a Javi con el espíritu de Raphael, con algo de su alma, de su espíritu, de su esencia, de lo que lleva, hay un momento que ya le empiezas a ver el parecido y dices: ‘Es que es Raphael’. Eso es lo que nosotros como actores intentamos hacer.
Debe de haber habido un buen trabajo de documentación, de ver muchos vídeos de sus gestos, su forma de hablar… ¿Cómo se han preparado?
Javier: En cuanto a vídeos y canciones: horas y horas y horas y horas. Es empaparse absolutamente de todo. Vi su documental. Al tener que hacer la parte más incipiente, había menos documentación gráfica de todo esto. Sí que es verdad que había alguna foto, pero el material era reducido. Me vi todas las películas que hizo en su época cuando hizo cine, me leí sus memorias. Había una cosa que me gustaba mucho hacer que era ver cómo contaba una experiencia vital, que contásemos en la serie, él en sus memorias. Cómo él relata esa historia y luego buscar entrevistas que le hiciesen en esa misma época porque hay veces que cuando contamos nuestra propia historia la maquillamos. Me molaba mucho ver ese contraste porque también me contaba cosas de su personalidad.
Carlos: En mi caso igual. Hay un salto desde que Javier deja el personaje y lo cojo yo. Una vez que aparezco, es el Raphael que todo el mundo tiene en su memoria, en el imaginario colectivo. Es el Raphael que ya ha triunfado, es una estrella a nivel mundial, tiene como otro poso en el escenario, tiene una familia. De hecho, pasamos del capítulo 6 que es la historia de amor con Natalia, la boda, al capítulo 7, con tres hijos, algunos adolescentes y otros a punto de dejar el hogar. Hay un salto importante y hay un salto vital importante. Esa época hay mucha más documentación y hay un salto del personaje. Es Raphael, no Rafael Martos, es una institución mundial y ya hay otro poso. Jacobo Martos, su hijo, nos ayudó también muchísimo, tanto a Natalia como a Javi, como a mí, tanto fuera del plató como en plató, porque estaba siempre ahí al pie del cañón con nosotros para que, a modo de red, no dejarnos caer y que estuviéramos seguros. La presencia de Jacobo para mí fue bastante definitiva porque a mí me hizo sentir muy seguro. Tener a su hijo ahí con nosotros, dándonos la mano y apoyándonos, te da mucha confianza y te ayuda a tirarte al vacío.
¿Han tenido la oportunidad de hablar con Raphael antes, durante y después del rodaje?
Javier: Sí. Al rodaje vino un día, pero él estaba de gira mientras nosotros rodábamos. Él arrancaba el ‘Raphaelísmo Tour’ el día antes que nosotros empezásemos a rodar. Tanto a Carlos como a mí nos invitó a la Zarzuela a que le pudiésemos ver. En mi caso, esa fue la primera vez que yo pude hablar con él. Al terminar el concierto bajamos al camerino y la verdad que fue un hombre encantador. Consejos como tal no. Sentía como que él estaba contento con que esto se estuviese haciendo, como que lo observaba en la sombra, pero como que de alguna manera creo que quería que no sintiésemos la presión o que él iba a estar detrás o no mostrarlo mucho. Solo me preguntó que si me trataban bien en la serie o si tenía que ir a poner orden, pero no me dijo nada en plan: ‘Oye, espero ver esto, espero ver lo otro’. También lo agradecí porque creo que hubiese sentido mucho la presión.
Hubo días de rodaje que iban sus nietos y era muy guay. A mí me daba mucho subidón cuando, de pronto, por el rabillo del ojo, les veías como sorprendidos con la secuencia que estabas grabando y como que veían un gesto y una vez escuché a Nico que decía: ‘Eso lo hace el abuelo’. Consejos directamente como tal, por parte de Raphael, no. Nos dio bastante libertad. A lo mejor también era una prueba. A lo mejor también estaba ahí ojo avizor.
Carlos: Al acabar ya el proyecto, al presentarlo al público y al presentarlo oficialmente, hemos tenido el cariño infinito de toda la familia, pero desde el primero que es Raphael hasta el último nieto o nieta que han venido. Creo que es el mayor premio que yo me llevo de esta serie. Más allá de que funcione o no funcione con el espectador, al que le guste más, le guste menos, quien vea más a Raphael, quien vea menos a Raphael. El hecho de que la familia, los nietos, los hijos, su propia mujer, nos dijeran las cosas tan bonitas que nos han dicho tanto a Javi como a mí el día del estreno, que vinieron uno por uno a felicitarnos y a darnos las gracias, o sea, es que a darnos las gracias por haber hecho esta serie que para ellos es su vida, es la historia de un miembro de su familia importantísimo, del patriarca. Esto para mí es el mayor premio que me llevo de esta serie, independientemente de lo que piense el público. Ahora mismo ya está en Netflix, lleva ya un par de semanas, pero que la familia nos viniera a dar la enhorabuena y a dar las gracias, eso se nos queda aquí dentro para siempre.
¿Han tenido que dar clases de canto para rodar la serie?
Javier: Trabajamos con un coach vocal que se llama Felipe Forastier. En mi caso sí que intenté cantarlas al principio porque siempre, cuanto más hagas, entendemos que mejor. En mi caso, yo canto como un tractor, entonces tenía que hacer 12 actuaciones a lo largo de toda la serie, tuvimos tres semanas de ensayos y era como mucho trabajo. Raphael tiene una forma de cantar que es única y ya no solo es aprender a cantar, sino hacerlo como él. Es verdad que la productora planteó desde un principio que la voz de las actuaciones las pudiera hacer un imitador de Raphael (Sergio Romero). Él es quien canta, quien pone la voz. Al principio intenté cantarlas, pero cuando ya vimos que esto iba a ser así, cambiamos el enfoque y con el coach nos centramos en coger las canciones y ver dónde respiraba, dónde proyectaba más, dónde menos, qué técnica utilizaba, cómo colocaba el velo del paladar. Si de pronto estás haciendo según que nota, pues hay X movimiento que no puedes hacer porque serían incompatibles, no puedes estar proyectando una manera y de pronto girar el cuello. Pusimos mucho el foco en esas cosas y en mi caso esa fue la manera de abordar el trabajo.
Carlos: La música es una parte muy importante, pero si nos centramos en las actuaciones, Raphael, solo hay uno. Aquí lo que estamos es contando otra parte, otras cosas que no se saben. Para oír a Raphael cogemos y nos ponemos un disco y creo que la serie busca otra cosa, pero evidentemente el Raphael encima de un escenario es una parte importantísima de la historia y de quién es Raphael. Entonces sí que hay un trabajo ahí, pero sobre todo el más importante, en nuestro caso, es la historia, que es lo que estamos aquí. Yo sí canto, hay una pequeña parte en la que sí que soy yo el que está cantando en el Jekyll y Hyde, pero también me han doblado para que la voz fuera la misma en todas y no hubiera un salto de voz.
Acaba de mencionar la escena de Jekyll y Hyde, imagino que ha sido lo más difícil de grabar al tener que cambiar de un personaje a otro cantando.
Carlos: No, lo más difícil para mí ha sido el capítulo 8 entero en general, porque no es solo lo de Jekyll y Hyde, es la enfermedad, es todo ese mundo que se tambalea a su alrededor, la posibilidad de perderlo todo. Estamos hablando de un trasplante de hígado, no estamos hablando de un resfriado. Emocionalmente, ese viaje del capítulo 8, la verdad es que fue muy intenso porque es todo lo que hemos ido construyendo sobre la serie, todo lo que hemos creado. Se ha ido creando toda esa historia que ha sido contando Raphael su infancia, su adolescencia, cómo empieza a cantar, sus giras, cómo eso de un plumazo puede desaparecer para una persona como Raphael, que su carrera y su profesión ocupa un lugar tan importante en su vida junto prácticamente a la par que su familia. Trabajar emocionalmente todo lo que es el capítulo 8 fue bastante duro.
El primer recuerdo que tienen de Raphael diferirá mucho porque son dos generaciones distintas.
Carlos: Forma parte de mi memoria desde que tengo uso de razón. En mi casa hay un vinilo… (procede a buscarlo)
Javier: El primer recuerdo que yo tengo de Raphael son de las Navidades. Nos acompañaba en todas las Navidades, las galas de fin de año. Además, yo de crío en algunas Navidades jugué como a hacer de Raphael para hacer la comedia para mi familia, pero en ese momento ni se me pasaba que esa anécdota fuese a estar contándotela hoy por las razones por las que te la estoy contando. Todos conocemos canciones de Raphael, ‘Mi gran noche’ sigue cerrando fiestas, pero es verdad que, cuando yo nací, Raphael ya tenía 50 años. Mi primer recuerdo es el artista consagrado. No tengo recuerdo de toda la época que me tocó interpretar, esa la tuve que conocer de cero.
Carlos: En mi casa de toda la vida he estado este vinilo. Esto es del año 82, ha estado en mi familia desde que yo tenía 5 años. Este es el vinilo con el que él ganó el disco de Uranio, que vendió 80 millones de copias, es una barbaridad. Se inventó la categoría de disco de Uranio por este disco. Ahora 40 años después lo tengo, pero firmado por Raphael. Tener este vinilo con ‘El tamborilero’, ‘Qué sabe nadie’, ‘Yo soy aquel’, ‘Digan lo que digan’, firmado por él y haberle interpretado, imagínate lo que supone para mí. Está dedicado a mí y a mi madre, que conste.
A lo largo de los ocho capítulos se muestran varios episodios del artista, desde su participación en Eurovisión a la mili, la visita a la URSS… ¿Hay cosas que se cuentan en la serie que no sabían?
Javier: Un montón, lo del viaje a la URSS es una de las cosas que a mí más me volaron la cabeza. Otra cosa que me llamó mucho la atención es que el concepto de concierto, tal y como lo conocemos en España hoy en día, lo trajo él. Antes no se hacían conciertos de sale el solista cantante con sus músicos y tal. Antes eran espectáculos de variedades, veías diferentes tipos de show. Él fue el primero que hizo un concierto, fue el primero en ponerle el nombre de concierto, que era algo que incluso se ponía en duda y él había cogido la referencia de Édith Piaf en Francia, él quería hacer eso mismo.
Carlos: Arriesgando además de su capital, su crédito. Si esto sale mal, no sabemos qué habría pasado. Supongo que habría renacido por otro lado. Raphael iba a llegar, sí o sí, por un lado o por otro tenía que llegar.
Javier: Pero si ese experimento le hubiese salido mal, a lo mejor lo hubiesen etiquetado como delirio de un artista.
Carlos: Y hubiera tardado más en triunfar. Creo que ese momento, en el que él se sube al teatro de la Zarzuela, tan emblemático en la historia de Raphael… La vuelta cuando tuvo el trasplante de hígado fue en el Teatro de la Zarzuela, la vuelta cuando ha tenido ahora el siguiente problema que ha tenido hace un año, también ha vuelto al Teatro de la Zarzuela. Ese concepto emblemático que aparece en la serie que lo hace Javi, efectivamente, eso no se había hecho antes.
Javier: Y también que en la actuación mítica, la primera vez que hace ‘El tamborilero’, llevaba peluca. Él estaba con el pelo rapado y le habían puesto peluca. Esa actuación es icónica, eso sí que es de los primeros recuerdos que yo tengo, todos los años aparecía en televisión. Descubrir eso también me llamó mucho la atención.
Carlos: Y por supuesto lo del éxito tremendo en Rusia es algo que nos ha volado la cabeza a todos.
Javier: Que se permitiese ese viaje, esa visita con el régimen que había en ese momento.
Carlos: Claro, en España estamos hablando de una dictadura como la que teníamos aquí. Que un artista aquí tan consagrado viaje a un país comunista es de locos y que le den el permiso es alucinante.
Carlos ha interpretado a varios personajes famosos. Uno de ellos es Luis Roldán en ‘El hombre de las mil caras’ y otro Pedro Almodóvar en ‘El ministerio del tiempo’. ¿Le queda algún personaje histórico, famoso e incluso artista que le gustaría interpretar?
Carlos: La verdad es que nunca me planteé que pudieran llamarme para hacer de Luis Roldán, que también es un recuerdo que tengo de cuando tenía 15 años, de cuando toda la movida de la fuga de Roldán. Jamás me imaginé que pudiera acabar interpretándolo o interpretar a Pedro Almodóvar o a Chicho Ibáñez Serrador o ahora a Raphael. Lo que me interesa es que sigan apareciendo personajes interesantes, reales o ficticios, y poder seguir trabajando de esto que es lo importante.
Javier: Además de Raphael también hice la película ‘Disco, Ibiza, Locomía’. Ya he interpretado a varios artistas que se subieron a un escenario, es verdad que los Locomía no cantaban, Raphael sí. Si hago cualquier otro biopic me encantaría que fuese alguien que no se suba al escenario a cantar, que sea otro tipo de historia, porque en caso de que fuese alguien que se suba a un escenario y a cantar, ahí quien me gustaría de verdad hacer es el de Bad Gyal. Por razones evidentes no me va a tocar a mí. Un día se me pasó por la cabeza que me encantaría hacer a Avicii, el DJ que falleció muy joven. Por ejemplo, el contar la historia de algún artista con una vida como fascinante, probablemente con muchos detalles que no conozcamos, pero no es algo que pienses, es algo que si se te plantea, ya lo coges con todas tus ganas y ves cómo lo haces, pero no, tampoco es algo que ronde mi cabeza normalmente.
Aún le queda una larga trayectoria en el mundo de la interpretación. ¿Hay algo del personaje de Raphael que le haya servido como crecimiento personal como actor?
Javier: Sí, además lo tengo claro. Una de las cosas más guais de explorar a Raphael para hacer este personaje fue esa confianza con la que se subía al escenario y hacía como cosas que solo él puede hacer, es muy auténtico encima del escenario. Además, podemos tener en cuenta el contexto en el que lo hacía. Los comentarios que se podían hacer sobre su forma de expresarse en el escenario a él no le pararon y él siguió persiguiendo su autenticidad, desarrollando una confianza cada vez más grande y sí que me gustaría quedarme con esa confianza, con el confiar en que lo que tú haces a la gente le gusta, que está bien, vivir esta profesión que al final siempre te acompaña la incertidumbre e intentas vivirlo con más confianza, con más calma.
Carlos: A mí lo lo mismo que dice Javi, sin duda. Al tener yo más años ya que Javi, una de las cosas que te da cierta tranquilidad es que, las cosas que te pasan a ti con 49 años o que te pasan con 30 dentro de la profesión, como actor, como artista, le pasan también a los más grandes por mucho éxito que tengan. Da igual el nivel al que estemos cada uno particularmente, forma parte de nuestra esencia como actores y como gente que se dedica a esto. Por un lado dices ‘esto no se cura’, pero por otro lado dices ‘es incurable, pero es inherente a la profesión, no es que yo me haya vuelto loco por tener estas angustias en mi cabeza, esto es le pasa a Raphael, a Julio Iglesias, a Madonna y a Robert De Niro’.
No puedo terminar sin preguntarles por su canción favorita de Raphael.
Javier: Yo tengo dos. ‘Yo soy aquel’, que es emblemática, pero ya me gustaba muchísimo desde antes de hacer esto, y en esta serie he descubierto ‘Balada triste de trompeta’, que me parece una canción perfecta para ser banda sonora de muchos momentos y esa me la estoy poniendo en Spotify de manera regular.
Carlos: Yo le tengo un cariño especial a ‘Qué sabe nadie’ de siempre y por esta serie también. Luego hay dos que me gustaban mucho de cuando era crío: ‘Como yo te amo’ y ‘Estar enamorado’.
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