El mensaje de Serbia a Europa

Los estudiantes serbios han dado una lección de democracia a la región balcánica y al resto de países donde los jóvenes salen a la calle para luchar por su futuro. Hombres y mujeres de diferentes procedencias ideológicas han mantenido durante casi dos años una movilización persistente y pacífica en torno a unas demandas básicas sobre el Estado de derecho y la lucha contra la corrupción. A lo largo de este periodo fueron tachados por el presidente Aleksandar Vucic de “mercenarios” al servicio de países extranjeros; decenas de ellos fueron encarcelados y sufrieron palizas por parte de matones vinculados al poder. Pero nunca renunciaron a los métodos pacíficos. Y este domingo derrotaron en las urnas al aparato de poder de Vucic, que ha controlado Serbia durante los últimos 14 años.

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 El movimiento ciudadano ha derrotado al presidente Vucic y ha ofrecido una demostración de europeísmo práctico y defensa de la democracia  

Editorial

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El movimiento ciudadano ha derrotado al presidente Vucic y ha ofrecido una demostración de europeísmo práctico y defensa de la democracia

Una joven celebra en Belgrado el resultado de las elecciones legislativas serbias del domingo.Associated Press/LaPresse (APN)
El País

Los estudiantes serbios han dado una lección de democracia a la región balcánica y al resto de países donde los jóvenes salen a la calle para luchar por su futuro. Hombres y mujeres de diferentes procedencias ideológicas han mantenido durante casi dos años una movilización persistente y pacífica en torno a unas demandas básicas sobre el Estado de derecho y la lucha contra la corrupción. A lo largo de este periodo fueron tachados por el presidente Aleksandar Vucic de “mercenarios” al servicio de países extranjeros; decenas de ellos fueron encarcelados y sufrieron palizas por parte de matones vinculados al poder. Pero nunca renunciaron a los métodos pacíficos. Y este domingo derrotaron en las urnas al aparato de poder de Vucic, que ha controlado Serbia durante los últimos 14 años.

El origen de las protestas fue el derrumbe de una marquesina en la estación de tren de Novi Sad, que mató a 16 personas. Los estudiantes comenzaron reclamando una investigación transparente y la asunción de responsabilidades. Después exigieron elecciones anticipadas y Vucic se negó a convocarlas; eso llevó a los jóvenes a organizar marchas por todo el territorio y una campaña prolongada puerta a puerta, incluso en los pueblos rurales donde la maquinaria electoral oficialista era más potente. Cuando finalmente Vucic dimitió el mes pasado para convocar unas elecciones anticipadas y optar al cargo de primer ministro, los universitarios ya estaban preparados para asumir el reto. En pocos días confeccionaron una Lista Estudiantil con candidatos para los 250 escaños del Parlamento. Metieron en la lista a profesionales sin experiencia política, muchos de ellos desconocidos, pero con prestigio profesional: artistas, profesores, agricultores, deportistas. El objetivo era luchar por un Estado de derecho con todas sus garantías, sin la corrupción endémica que corroe a este país de 6,6 millones de habitantes, y convencieron a la sociedad de que el cambio era posible.

El resultado no resolverá por sí solo los problemas ni será tan fácil pasar página definitivamente en un país en el que, hace solo unas semanas, se rendían honores militares en el funeral de Ratko Mladic, condenado por crímenes contra la humanidad. Pero hay otra Serbia que es mayoritaria y mira al futuro. Los estudiantes han demostrado que personas de ideologías distintas y sin líderes, pueden organizarse, discutir, alcanzar consensos y derrotar a un poder que parecía inamovible. Como ocurrió con la derrota de Viktor Orbán en la vecina Hungría, de nuevo las urnas permiten la salida de un dirigente autoritario. En el caso serbio, los socios e instituciones de la UE muchas veces prefirieron mirar hacia otro lado durante esos años, mientras agasajaban al presidente e ignoraban un movimiento estudiantil que, en realidad, estaba ofreciendo una demostración de europeísmo práctico y defensa de la democracia. Su éxito también es una lección para Europa.

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