Último adiós a Miquel Navarro, el escultor del pueblo: “Qué a gusto hemos discutido”

Los vecinos entran de manera sigilosa, sin el estrépito de los políticos. Se dirigen al ataúd, presidido por una estupenda foto de un Miquel Navarro veinteañero con los brazos abiertos, como intentando abarcar la vida que estaba por venir, y salen hablando entre ellos. “Era muy del pueblo, muy cercano”, comenta María, remisa en un principio a hablar sobre quien ha sido su vecino toda la vida. “Muy campechano y cariñoso”, coinciden Amparo y Ángeles, otras vecinas de Mislata, una localidad pegada a Valencia donde nació, vivió, creó, abrió su propio museo y murió el escultor del pueblo.

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 Los vecinos entran de manera sigilosa, sin el estrépito de los políticos. Se dirigen al ataúd, presidido por una estupenda foto de un Miquel Navarro veinteañero con los brazos abiertos, como intentando abarcar la vida que estaba por venir, y salen hablando entre ellos. “Era muy del pueblo, muy cercano”, comenta María, remisa en un principio a hablar sobre quien ha sido su vecino toda la vida. “Muy campechano y cariñoso”, coinciden Amparo y Ángeles, otras vecinas de Mislata, una localidad pegada a Valencia donde nació, vivió, creó, abrió su propio museo y murió el escultor del pueblo. Seguir leyendo  

Los vecinos entran de manera sigilosa, sin el estrépito de los políticos. Se dirigen al ataúd, presidido por una estupenda foto de un Miquel Navarro veinteañero con los brazos abiertos, como intentando abarcar la vida que estaba por venir, y salen hablando entre ellos. “Era muy del pueblo, muy cercano”, comenta María, remisa en un principio a hablar sobre quien ha sido su vecino toda la vida. “Muy campechano y cariñoso”, coinciden Amparo y Ángeles, otras vecinas de Mislata, una localidad pegada a Valencia donde nació, vivió, creó, abrió su propio museo y murió el escultor del pueblo.

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