Una nodriza amamanta a un recién nacido, mientras la mujer interpela con su mirada al espectador. Los tejidos de la cofia blanca y de la manga roja de su vestido dialogan con los pesados cortinajes bermellones que enmarcan la escena por la parte superior del cuadro. A la derecha, una mujer desnuda mira hacia un lado, absorta en algo que le llama la atención fuera de lo representado. Está sumergida en una bañera cuyo interior permanece cubierto por una impoluta tela de lino, para evitar que su piel toque el metal del recipiente. En la mano sujeta un clavel rojo (Dianthus caryophyllus), símbolo de su compromiso afectivo probablemente con Enrique II de Francia, ya que la retratada bien podría ser Diana de Poitiers, como señala la web del Museo del Prado, que custodia esta obra.
Del Museo del Prado al jardín de l’Albarda y la Todolí Citrus Fundació, iniciativas que ponen el arte botánico y la naturaleza al alcance de todos
Una nodriza amamanta a un recién nacido, mientras la mujer interpela con su mirada al espectador. Los tejidos de la cofia blanca y de la manga roja de su vestido dialogan con los pesados cortinajes bermellones que enmarcan la escena por la parte superior del cuadro. A la derecha, una mujer desnuda mira hacia un lado, absorta en algo que le llama la atención fuera de lo representado. Está sumergida en una bañera cuyo interior permanece cubierto por una impoluta tela de lino, para evitar que su piel toque el metal del recipiente. En la mano sujeta un clavel rojo (Dianthus caryophyllus), símbolo de su compromiso afectivo probablemente con Enrique II de Francia, ya que la retratada bien podría ser Diana de Poitiers, como señala la web del Museo del Prado, que custodia esta obra.
Esta pintura fue adquirida con el legado de Carmen Sánchez García (1929-2016), que en su testamento nombró heredero universal al Prado. Gracias a su generosidad, se pudieron adquirir un buen puñado de bellezas artísticas que completan a las mil maravillas la riquísima colección del museo. En esta mencionada obra de escuela francesa florecen otras especies, aparte del clavel, como el alhelí encarnado (Matthiola incana), la caléndula (Calendula officinalis), la lavanda (Lavandula angustifolia), la rosa alba (Rosa × alba ‘Semiplena’), la trinitaria (Viola tricolor)… por lo que, en cierta forma, Carmen Sánchez ofrenda estos aromas a quienes contemplan el óleo. Este ramillete floral se puede disfrutar en la exposición Prado. Siglo XXI, que recopila la intensa labor llevada a cabo por esta institución cultural en el primer cuarto de siglo —se puede visitar hasta el próximo 27 de septiembre—.
En las salas de la muestra, entre otros muchos temas, se disfruta del altruismo de personas que han regalado a la sociedad la posibilidad de gozar de obras de arte que, sin su magnánimo gesto, permanecerían visibles solo para unas pocas miradas. La bondad de Carmen Sánchez se une así a la de otros espléndidos ejemplos, como los de Plácido Arango Arias (1931-2020), Hans Rudolf Gerstenmaier (1934-2021), José Luis Várez Fisa (1928-2014) y muchos más.

En el ámbito de las plantas y de la jardinería también surgen dadivosos ejemplos de personas que luchan por dejar un legado hermoso. Uno de ellos es el de la Fundación Enrique Montoliu (FUNDEM), que se encarga de adquirir terrenos por toda España para dejar que la naturaleza los gobierne, para proteger zonas de alto valor ecológico. Asimismo, la fundación gestiona el jardín de l’Albarda, en la localidad alicantina de Pedreguer, que es el hogar del propio Montoliu (1948, Valencia), que, como él mismo señala, quiso que “desde el primer momento fuera algo compartido”. “Al poco de comenzarlo, ya empecé a realizar visitas guiadas gratuitas, para que la gente lo viera. No pensaba en hacer un jardín totalmente privado. Siempre me ha gustado compartir; no me molestan las visitas, al revés, me enriquecen. Así he conocido a personas maravillosas”, explica. “Creo que quien tiene la sensibilidad para sacrificar una mañana de su tiempo libre para visitar un jardín ya es alguien especial”, asegura, con una sonrisa en la cara.

Otro proyecto ligado a las plantas es el de la Todolí Citrus Fundació, ideada por el director artístico y apasionado de la naturaleza Vicent Todolí (1958, Palmera), que ha generado un auténtico vergel paradisíaco en el que se cultivan centenares de especies, variedades y cultivares de cítricos en la localidad de Palmera (Valencia). Todolí, que ha gestionado colecciones de arte de renombre internacional, desgrana la línea maestra de su huerta frutal: “Esto es un museo, con una colección que no hace falta cambiar porque prácticamente cambia a cada hora. Solo ver cómo evoluciona a lo largo del año, cómo crecen los árboles —también dependiendo de la climatología, de la luz—, o cuándo están los pájaros y cantan más o menos… Es un museo-jardín. Generalmente, en otro tipo de museos la experiencia es principalmente visual, pero aquí se apela a todos y cada uno de los sentidos». Gracias a la fundación, es posible visitarla, regocijarse entre sus sendas y aprender de ella y de sus plantas.

En todos estos jardines, bien sean más artísticos o más paisajistas, se desdibuja la línea que los pueda separar, porque en los dos ámbitos la magnanimidad florece y permite a miles de visitantes recordar para siempre a aquellas personas que lo han hecho posible.
Ojalá venga una primavera pródiga en legados y donaciones, para que lluevan nuevas inquietudes. Con estos benefactores, la humanidad es más amable y bella: muchas gracias por ser jardineros que cultivan la esperanza.
EL PAÍS
